En su reposo. 04/05/2022. T16. E17.
“Jehová amonestó entonces a Israel y a Judá por medio de todos los profetas y de todos los videntes, diciendo: Volveos de vuestros malos caminos, y guardad mis mandamientos y mis ordenanzas, conforme a todas las leyes que yo prescribí a vuestros padres, y que os he enviado por medio de mis siervos los profetas”.
2 Reyes 17:13
Amonestación oportuna
En la jerga del fútbol, la amonestación consiste en una advertencia antes de la expulsión del jugador.
Puede ser vista como una amenaza de expulsión, pero su verdadera intención es prevenir la expulsión.
Puede igualmente ser desestimada o poco valorada, pero una vez que llega, no hay forma de escapar de lo que sigue si se mantiene el mismo camino.
La amonestación es la oportunidad de reflexionar lo que se está haciendo para evitar el fin que se advierte, de continuar la senda que se ha seguido.
El capítulo que nos ocupa trata de la condición de juicio que experimentó el reino del norte o reino de Israel.
Su sufrimiento y posterior cautiverio fueron resultado de su mal proceder, pero jamás podrán decir que no fueron avisados, que no fueron amonestados.
Una vez más, puede sonar a advertencia, y la advertencia puede parecer incómoda, molesta, un fastidio constante, pero eso dependerá de la perspectiva de aquel que recibe este mensaje.
Se puede ver así, y entonces enojarse contra el mensaje y hasta con el mensajero, o se puede ver como la oportunidad de cambiar la conducta actual para evitar el final que se prevé.
El pueblo de Israel fue amonestado, no una, sino muchas veces para regresar a Jehová.
Las oportunidades llegaron por medio de todos los profetas y videntes que el Señor envió a su pueblo.
Quizá en este caso, no solo fue molesto tener que “soportar” las amonestaciones que venían de parte de Dios, sino que en algún momento pudieron ser tomadas en poco, ya que no parecía llegar el castigo prometido.
Sin embargo, si algo enseña la Biblia con certeza, es que cuando Dios habla siempre se cumple lo que promete, para bien o para juicio del hombre.
Israel lo experimentaría, y sería demasiado tarde buscar el perdón o la misericordia divina. El juicio llegó, y con él la derrota, la dispersión, la vergüenza.
Que tales historias nos ayuden a valorar las amonestaciones que hoy podamos recibir sobre nuestra conducta y sobre nuestra forma de relacionarnos con Dios y con los hombres.
Que no endurezcamos nuestro corazón ante el señalamiento de nuestras faltas y que por ninguna razón olvidemos que Dios siempre cumple lo que promete, aun cuando esto signifique un castigo ejemplar por nuestros pecados.
Y así, convirtamos las amonestaciones en oportunidades de reflexión, arrepentimiento y reconciliación con Dios, agradeciendo el amor con que nos amonesta para permanecer al amparo de su sombra y recibiendo los beneficios de su comunión.
Isaí Rodríguez Ruiz