En su reposo. 25/11/2021. T10. E6.
“Pero vosotros guardaos del anatema; ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema, no sea que hagáis anatema el campamento de Israel, y lo turbéis”.
Josué 6:18
Anatema
La palabra anatema hace referencia a una maldición, establecida por Dios, por lo cual aquello que se marcaba de esa manera tenía que ser exterminado del todo.
El siguiente versículo señala que solo aquello que no podía ser destruido y que tuviera un beneficio podría ser resguardado.
Específicamente los metales valiosos, que al no poder ser destruidos pasarían al tesoro de la casa de Jehová, siendo en ese sentido también un anatema para el pueblo, pues no podrían beneficiarse de ellos como botín, según la costumbre de la guerra.
En aquel contexto, la ciudad entera de Jericó fue declarada anatema de parte de Dios. Toda ella debía ser destruida, incluyendo todo lo valioso que se hallará en su interior, y sus metales preciosos entregados a Dios.
La razón para esto puede tener varias interpretaciones, entre las que destaca el simple hecho de que era la primera ciudad, la primicia de la conquista.
Dios deseaba marcar una pauta y señalar que toda la tierra estaba maldita a causa del pecado de los pueblos de Canaán, y con esta primera ciudad pondría un ejemplo para todas las naciones de alrededor.
Así mismo, era una enseñanza práctica al pueblo de Israel sobre obediencia, dependencia y sujeción a Dios al no adquirir ningún beneficio material de esta primer experiencia de guerra.
Luego entonces, el tema específico para la nación era la disposición a obedecer esta orden divina.
¿Qué tan dispuesto estaba Israel a seguir las órdenes de Dios? ¿Hasta dónde estaban dispuestos a llegar para agradar a Jehová? ¿Perderían el beneficio y derecho al botín por obedecer al Señor?
Esto o aquello, cualquier cosa que Dios diga que no podemos tocar, que no podemos poseer o adquirir, ¿estaremos dispuestos hoy a obedecerlo?
Las consecuencias positivas o negativas llegarán, tarde o temprano, dependiendo de la decisión que tomemos respecto al anatema, a lo maldecido por Dios, a lo prohibido por el Señor.
Quiera el gran y buen Dios mostrarnos el camino de la obediencia que honra su nombre y consagre nuestros corazones al cumplimento de su perfecta voluntad en nuestras vidas.
Isaí Rodríguez Ruiz