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En su reposo. 25/07/2022. T18. E33.

“Mas luego que fue puesto en angustias, oró a Jehová su Dios, humillado grandemente en la presencia del Dios de sus padres”.

‭‭2 Crónicas‬ ‭33:12‬

Angustia

La depravación de Manasés no tenía límites.

Hizo a un lado el legado de su padre, dejó su camino y se entregó totalmente a una vida lejos de Dios.

La historia nos narra cómo pecó e hizo pecar al pueblo de Judá, al grado de pasar sus hijos por fuego para los ídolos paganos y construir altares a esos dioses falsos dentro del mismo templo a Jehová.

Pero como antes y después de él, las consecuencias no se hicieron esperar. Y tales consecuencias fueron primero las advertencias que recibió el rey de parte de los mensajeros enviados por Dios.

Una vez agotada esta instancia, rechazada por el corazón endurecido de Manasés, el castigo llegó con fuerza.

Avergonzado, derrotado, encadenado, el rey fue llevado cautivo a Babilonia; y en esa condición alzó sus ojos al cielo y reconoció su terrible pecado.

Solo la angustia de su situación lo hizo volver a Dios. ¡Pero lo hizo! Y es mucho más de lo que algunos hacen en tales condiciones.

Muchas cosas malas pueden decirse de Manasés, pero al final, cuando cayó en desgracia, supo volver su rostro a Dios en la angustia, y el Señor lo escuchó y levantó en su infinita misericordia.

Qué pena, pero qué bueno que en los días de sufrimiento, de dolor, de tristeza, de juicio por causa de nuestras fallas, podamos reconocer el error cometido, y nos volvamos a Dios arrepentidos de nuestro mal proceder.

Manasés, a pesar de sus grandes pecados fue perdonado y restaurado por Dios. Su vuelta a Dios tuvo lo frutos de arrepentimiento que se espera de aquellos que reconocen su rebeldía y el perdón inmerecido.

Por el resto de su vida hizo todo lo que estuvo en sus manos para resarcir el daño ocasionado a la vida espiritual de la nación y por vivir bajo la dirección divina.

Si hay angustia en el corazón, es tiempo de volver a Dios, y humillados reconocer nuestros pecados en genuino arrepentimiento.

El Señor, según su gran misericordia, volverá sus ojos a nuestro favor y nos restaurará para que podamos pasar el resto de nuestra vida agradecidos, adorándole y honrándolo con cada uno de nuestros actos.

Sea su nombre bendito por los siglos.

Isaí Rodríguez Ruiz