En su reposo. 18/02/2022. T13. E30.
“Y David se angustió mucho, porque el pueblo hablaba de apedrearlo, pues todo el pueblo estaba en amargura de alma, cada uno por sus hijos y por sus hijas; mas David se fortaleció en Jehová su Dios”.
1 Samuel 30:6
Angustia vs fortaleza
Uno de los momentos más críticos en la vida de David antes de su reinado fue la invasión a Siclag.
Los amalecitas aprovecharon la próxima batalla entre filisteos e israelitas para introducirse en la tierra y atacar las poblaciones desprotegidas.
Siclag, la ciudad donde David habitaba sufrió más que la mayoría de las demás poblaciones pues se nos señala que fue quemada.
Al mismo tiempo se hace notar que a pesar del furioso ataque, la providencia divina evitó que el daño fuera mayor, pues ni una sola persona de los de Siclag murió.
Aunque esto nos lo hace saber el escritor sagrado, al momento de la crisis David y lo suyos no sabían eso, por lo que era normal que esperaran lo peor.
Es bajo esas terribles condiciones que la angustia se apoderó de todos. La expresión: “y lloraron hasta que les faltaron las fuerzas para llorar” (v. 4), es una muestra del indescriptible dolor que los llevó a un estado de desesperación.
Tanto así, que a pesar del hasta entonces impecable liderazgo de David, todo se puso en su contra, al grado de que llegaron a pensar en dejar caer sobre él toda su frustración.
Todo parecía perdido. David mismo había perdido a sus esposas y no tenía fuerzas en si mismo para seguir adelante.
Pero algo hizo la diferencia.
Mientras todos se sumían en su dolor y angustia, David encontró la forma de fortalecerse en Dios.
La Biblia no nos señala qué hizo específicamente David, pero la expresión da a entender que buscó la manera de acercarse a Dios.
No hay una llave mágica que nos dé fuerzas de parte de Dios. Tenemos que esforzarnos, tenemos que aprender a ir a él en medio de nuestra angustia y buscar su fortaleza.
La angustia nos quita la fuerza, pero si buscamos a Dios él nos puede dar fortaleza. Si te quedas en tu lugar te hundirás en dolor; si vuelves a él en medio de tu dolor, él te hará salir del pozo de la desesperación.
Dejemos el cómo a Dios, y confiemos en su palabra. Arrojémonos en sus brazos cuando ya no haya ánimo en nuestro espíritu y aprendamos a ser renovados y fortalecidos en él.
Una vez fortalecido, David aclaró sus ideas y recibió dirección divina para los siguientes pasos que daría.
No sólo recuperó los bienes y familia de todos sus compañeros y la propia, sino que aun lograron un impresionante botín que alcanzó para todos y para enviar presentes a la casa de Israel.
La angustia te destruirá y te llevará a pensar en las peores decisiones; la fortaleza de Dios te dará dirección, victoria y éxito en lo que emprendas.
No nos quedemos en la angustia, corramos a los brazos fuertes de nuestro Señor.
Isaí Rodríguez Ruiz