En su reposo. 12/04/2022. T15. E20.
“Y he aquí un profeta vino a Acab rey de Israel, y le dijo: Así ha dicho Jehová: ¿Has visto esta gran multitud? He aquí yo te la entregaré hoy en tu mano, para que conozcas que yo soy Jehová”.
1 Reyes 20:13
Anonimato
La Biblia está llena de personajes cuyos nombres marcaron la historia.
Pero de la misma manera, las Sagradas Escrituras toman nota de muchos personajes cuya vida se volvió clave para algún momento de la historia, y sin embargo han llegado hasta nosotros de forma anónima.
No sabemos nada sobre ellos, sus nombres, sus familias, sus éxitos y/o fracasos; sus sueños o propósitos.
Aparecen y desaparecen de la escena sin dejar rastro de si mismos; sin embargo, esto no los hace menos importantes o valiosos.
La historia de este capítulo nos narra no de uno, sino de dos personajes, un profeta consumado, y uno de los hijos de los profetas, es decir, aquellos que estaban empezando a desarrollar el ministerio, pero no sabemos más nada acerca de ellos.
Son profetas anónimos. Surgen, cumplen su propósito y se van, y nunca mas volvemos a saber de ellos.
Pero así, fueron efectivos, exitosos y valiosos para el Señor.
Es curioso que esta historia se narre justo después de que Elías argumentara ante Dios ser el único profeta que quedaba.
De alguna manera el escritor sagrado es inspirado para decirnos de manera implícita algo que Elías no sabia. Dios tenía más profetas ejerciendo el ministerio y preparándose para ejercerlo.
Pero algunos no serían famosos, no harían grandes señales, no serían conocidos y mucho menos reconocidos por su labor; y aún así, fueron fieles al llamado y a la misión que recibieron.
Qué enorme lección para la iglesia de todos los tiempos, y quizá más para la moderna iglesia del siglo XXI y las redes sociales, donde todo mundo lucha por un espacio, un reconocimiento, un momento de fama y éxito ante los hombres.
Pero helos aquí, profetas dispuestos a que sus nombres no fueran recordados, cuyo ministerio no alcanzó los estándares de éxito humanos, y con todo y eso, siguieron adelante con su llamado.
Cuánta falta hacen hoy en día hombres y mujeres que no busquen reconocimiento, fama, éxito, notoriedad.
Cristianos fieles a Dios y a su llamado, sin importar que seamos vistos o aclamados por las multitudes. Sin anhelar “vistas” o “likes”. Listos para pasar a la historia de la iglesia solo como aquel hijo de Dios que, sin saber nada sobre él o ella, cumplió la voluntad de Dios en su vida.
Que al paso de los años, si el Señor tarda en venir, la historia olvide nuestros nombres si es necesario, pero cuente la entrega, pasión y obediencia de esta generación para ver el poder de Dios sobre nuestras vidas.
Concedánoslo el Señor.
Isaí Rodríguez Ruiz