En su reposo. 03/03/23. T24. E84.
“Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, Que habitar en las moradas de maldad.”
Salmos 84:10
Atrios
Un atrio es básicamente un patio.
En la casa de Dios, desde que era un tabernáculo se estableció un límite del espacio del templo, con una cerca que delimitaba el atrio del templo.
Dentro de ese atrio solo se encontraba el área del lavado de los sacerdotes y el altar de bronce; pero con el tiempo y las construcciones fijas, se añadieron una serie de edificios adicionales que daban forma a un atrio mayor y un atrio menor dentro de las instalaciones del templo.
Seguía estando ahí el altar de bronce, pero era también un espacio para la oración, la meditación y la adoración a Dios, ya que, propiamente hablando, solo los sacerdotes podían entrar al espacio íntimo del lugar santo y el lugar santísimo.
Quién no daría en aquellos años ser uno de los hijos de Aarón para poder entrar al lugar santo, o ser inmensamente bendecido al ser escogido como sumo sacerdote para entrar al lugar santísimo, pero no era posible, por lo que el pueblo tenía que "conformarse" con disfrutar de la presencia de Dios dentro del atrio.
Sin embargo, esto nunca fue un problema, pues aun el atrio y la puerta de entrada al santuario de Dios son lugares tan santos que estar en ellos ya es poder contemplar la gloria de Dios. Así lo entiende el salmista, que se sabe bendecido tan solo de poder entrar por esa puerta y disfrutar de la presencia de Dios en aquel patio.
En ese tiempo era una tienda, y después fue un edificio específico, pero entonces y ahora, y sin demeritar lo valiosas de las instalaciones que ocupamos para adorar a Dios, el lugar es lo de menos.
Puede ser un edificio suntuoso, perfectamente acondicionado para llevar a cabo nuestra comunión con Dios, o puede ser un patio, o la sombra de un árbol, el punto es saber disfrutar de la presencia de Dios en nuestras vidas.
Esa es la gran lección de este versículo y acaso de todo el capítulo, que reseña de manera poética, el deseo, la pasión, y el fervor que todo verdadero hijo de Dios siente por la presencia de Dios.
Querer estar en el templo, priorizar las actividades del templo, anhelar congregarnos y disfrutar de la gloria de Dios, es un reflejo natural de la vida de comunión de todo verdadero creyente; y, por el contrario, la ausencia de esta pasión refleja la apatía de nuestro corazón no para con los hermanos o las actividades de la congregación, sino para con Dios y su presencia que se manifiesta en el templo siempre que estamos dispuestos y sensibles para que trate con nosotros.
Congreguémonos y gocemos de la presencia de Dios.
Isaí Rodríguez Ruiz