En su reposo. 17/06/2022. T18. E1.
“Sabiduría y ciencia te son dadas; y también te daré riquezas, bienes y gloria, como nunca tuvieron los reyes que han sido antes de ti, ni tendrán los que vengan después de ti.”
2 Crónicas 1:12
Beneficio colateral
Dios nunca ha visto la prosperidad de sus hijos como algo negativo.
Por el contrario, él siempre ha deseado el bien de aquellos que ama.
En este capítulo, la prosperidad está representada en la expresión: “riquezas, bienes y gloria”.
Salomón no pidió nada de esto, pero le fueron otorgadas por Dios. ¿Por qué?
Porque la prosperidad no debe ser una prioridad para el hijo de Dios.
Esta gran verdad debe anidar en nuestros corazones. Las cosas terrenales no deben ser lo más importante para nosotros.
No porque sean malas en sí mismas, sino porque hay cosas mucho más valiosas que la prosperidad material.
Es necesario que aprendamos a distinguir y a buscar aquellas cosas superiores que nos darán beneficios intangibles mucho más grandes que los materiales.
Pero quizá, la razón más importante para que Dios le diera tales riquezas a Salomón, es que cuando aprendemos a pedir sabiduría, tal don de Dios incluye la capacidad para generar y administrar los recursos materiales.
Esto significa que, si Salomón hubiera pedido riquezas, bienes y gloria, no hubiera tenido la capacidad para administrar, retener y multiplicar tales recursos.
Pero al pedir sabiduría, tuvo todo lo que realmente necesitada para gobernar al pueblo; y como beneficio colateral, tuvo también la capacidad de hacer prosperar lo que estaba en sus manos.
Luego entonces, la prosperidad económica o material es resultado del trabajo y de la capacidad para administrar sabiamente los recursos obtenidos. En otras palabras, la prosperidad es fruto del bien pedir, y del bien hacer.
Pedir un pescado solucionaría un problema temporalmente, pedir la caña de pescar daría una solución más duradera.
Como cristianos, no menospreciamos las riquezas temporales, pero las colocamos en una posición de menor importancia ante aquellos tesoros que del cielo nos son otorgados por Dios.
Su amor, su gracia, su cuidado; y también su sabiduría, su dirección, su respaldo a todo lo que hagamos.
Son estas promesas divinas, al poseerlas por la mano de Dios, las que traerán beneficios como la prosperidad económica, la riqueza, los bienes y la gloria.
Que nuestros ojos estén puestos en lo eterno, que nuestro tesoro esté en el cielo, y que anhelemos llegar arriba; y mientras tanto, que la sabiduría de Dios nos ayude a cuidar, administrar y multiplicar la obra de nuestras manos, para la misma gloria de Dios.
Isaí Rodríguez Ruiz