En su reposo. 22/04/2022. T16. E7.
“Luego se dijeron el uno al otro: No estamos haciendo bien. Hoy es día de buena nueva, y nosotros callamos; y si esperamos hasta el amanecer, nos alcanzará nuestra maldad. Vamos pues, ahora, entremos y demos la nueva en casa del rey”.
2 Reyes 7:9
Buena nueva
El sitio sirio sobre Samaria había llegado a extremos espeluznantes que incluían la muerte de cientos de personas y la muerte infructuosa de bebés.
La desoladora escena de la ciudad, muriéndose de hambre, no podía ser más impresionante.
Urgía una luz de esperanza, una voz que se levantara para dar aliento a los habitantes. Pero nadie tenía esa palabra.
Sin embargo, fuera de los muros de la ciudad unos leprosos vivían el mejor momento de sus vidas desde que sufrían la enfermedad que los aislaba de la nación.
Mientras todos dentro sufrían hambre, estos personajes se saciaron completamente de comida y bebida a su antojo.
Mientras miseria y dolor acompañaba a la ciudad, ellos se hacían de bienes que escondieron para su posterior uso.
Los que se supone que debían estar en la peor condición, gozaban de los beneficios que el poder de Dios llevó al hacer huir al ejército enemigo, mientras que la nación se debatía entre la vida y la muerte.
Esta ironía representa la vida del creyente en Cristo y la condición del mundo.
Lo peor, lo vil y menospreciado, dice el apóstol Pablo, escogió Dios.
Los leprosos fueron los primeros en beneficiarse de la obra de Dios, tal y como ahora, nosotros, los menos dignos entre todos, hemos recibido la dicha de la gracia y el perdón derramados sobre nuestros corazones.
Pero el mundo sigue sin saber a ciencia cierta la victoria que Dios ya ha alcanzado para nosotros y para ellos.
El mundo sigue encerrado en sus muros, muriendo de hambre espiritual, destruyéndose entre ellos por causa del pecado que los asedia, los controla y los aniquila.
Y los leprosos, nosotros, los que hemos saciado nuestra sed, los que hemos sido alimentados y llenados de las bendiciones de Dios, muchas veces pasamos el tiempo escondiendo este tesoro para nosotros mismos.
La reacción de aquellos leprosos llegó a tiempo, y fueron a dar la buena nueva a la ciudad.
Ojalá que la iglesia de Cristo, los redimidos por gracia, los peores y los primeros pecadores, saciados ya, ricos ya por la salvación de nuestras almas y el regalo del perdón y la vida eterna, volteemos nuestra mirada hacia aquellos que están en angustia y sufrimiento, y les llevemos el mensaje de esperanza en Cristo.
Que no callemos, que no escondamos el tesoro, que no pensemos solo en nosotros mismos. Que nos quebrante la necesidad del mundo. Que nos impulse el deseo de compartir lo que hemos recibido.
Hay una buena nueva por compartir, no nos detengamos hasta que todo ser humano la haya escuchado.
Isaí Rodríguez Ruiz