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En su reposo. 28/02/2022. T14. E7.
“Aconteció aquella noche, que vino palabra de Jehová a Natán, diciendo”.
‭‭2 Samuel‬ ‭7:4‬

Buenos y mejores planes

Natán era profeta de Dios y consejero del rey. En ese doble carácter participaba de los asuntos del reino.

Fue así como David le comparte a Natán su interés por construir un templo para Dios. Y su consejero le expresa lo que a su parecer era la mejor opción.

“… haz todo lo que está en tu corazón, porque Jehová está contigo” (v. 3).

Humanamente la palabra de este consejero parecía ser correcta.

David era un hombre bueno y su intención era loable. No había motivo para desanimarlo o hacerle cambiar de opinión, así que su asesor le anima para ir hacia adelante con esto que se ha propuesto.

Pero entonces Dios interviene.

Nuestra experiencia, sabiduría, y capacidad puede ser valiosa para tomar decisiones y hacerlo de la mejor manera. Incluso, tales decisiones pueden ser sanas y bien intencionadas.

Sin embargo, Dios aún puede cambiar nuestra perspectiva. Aunque nuestro propósito sea bueno, Él es soberano y puede guiarnos por un camino diferente al que teníamos pensado.

Natán recibe un mensaje que era diferente al que él le había dado a David.

Desde ese momento podemos distinguir la madurez de aquel hombre al aceptar que tendría que decirle a David: “lo siento, el consejo que yo te di no es lo que Dios quiere que hagas”.

Debió ser difícil aceptar que sus palabras, aunque bien intencionadas, no eran la voluntad de Dios.

Como cristianos podemos tener buenos deseos y un corazón sincero al expresar un consejo o al tomar una decisión, pero si la voluntad de Dios es otra, debemos ser obedientes a sus deseos por encima de los nuestros.

David no construiría el templo según su deseo y según el consejo de Natán.

Eso podía haber sido un golpe duro para el rey que se sentía indigno de habitar en una hermosa casa y tener el arca de Dios en una tienda.

Pero esa era la voluntad de Dios y había que asumirla.

Sin embargo, Dios sí valoró el deseo y corazón de David, de tal forma que le dio algo mucho mejor que el permiso de construir un templo.

Le ofreció un pacto que perduró hasta convertir a su linaje en el mesiánico, y todavía seremos testigos de cómo un hijo de David se sentará en su trono cuando Cristo regrese en gloria a esta tierra.

Aun cuando nuestros planes y deseos no sean malos, lo que Dios nos ofrece es mejor que lo que nosotros podemos planear o desear.

Bien haremos en ser sensibles a la voz de Dios para conocer sus planes, y obedientes para seguir su voluntad.

Al final, él siempre nos dará más, mucho más de lo que esperábamos.

Isaí Rodríguez Ruiz