En su reposo. 14/02/2023. T24. E69.
"Cansado estoy de llamar; mi garganta se ha enronquecido; han desfallecido mis ojos esperando a mi Dios".
Sal. 69:3
Cansancio
¿Quién no se ha sentido en algún momento de la vida totalmente perdido?
El salmo 69 es un grito de angustia.
Es desgarrador leer la condición del autor del salmo.
No tienen fuerzas, está hundido, no hay esperanza, no ve la salida. Siente que no es visto, no es escuchado, que toda posibilidad de salvación ha desaparecido.
Ahí está, cansado, cansado de llamar a Dios y no obtener la respuesta anhelada.
Con la garganta destrozada, afónico tal vez, ya no salen palabras de ella, solo sonidos incomprensibles, todo por causa de tanto y tanto pedir a Dios que actúe y no recibir lo que tan agónicamente ha solicitado a grito abierto desde lo más profundo de su alma.
Sus ojos, sus ojos rojos de tanto llorar, hinchados por tanto desvelo, tanta frustración, sin fuerzas para seguir abiertos; rogando por ver la mano de Dios que actúe a su favor, pero sin contemplar la solución a su clamor.
Ahí está, sin embargo, esperando todavía en Dios.
En las peores condiciones, pero no ha dejado de buscar a Dios.
El salmo mismo, que describe su dolor, es una muestra también de su inquebrantable fe.
No ha dado media vuelta, no ha renunciado, no ha negado su fe.
Está en desasosiego, en tristeza, en angustia, pero está firme, esperando a su Dios.
Qué poderosa lección de vida y de fe.
Se queja de su cansancio pero no se queja de Dios, sino ante él. Gran diferencia, y es por eso que aún puede alabarlo, todavía tiene certeza de que Dios obrará, y persevera en su fidelidad, pues dice:
"Alabaré yo el nombre de Dios con cántico, Lo exaltaré con alabanza" (v. 30).
Que en medio de nuestro dolor y cansancio sigamos esperando, sigamos confiando, sigamos creyendo y sigamos adorando la gloria de su precioso Nombre.
Isaí Rodríguez Ruiz