En su reposo. 06/12/2022. T24. E9.
"Te alabaré, oh Jehová, con todo mi corazón; contaré todas tus maravillas".
Sal. 9:1
Cantar y contar
Para la gran mayoría de los cristianos es claro que los salmos son básicamente canciones; es decir, tenían música y eran usados para la liturgia dentro del templo de Dios en Jerusalén.
Su uso actual, mas devocional y reflexivo, no puede perder de vista su propósito original.
El versículo 2 señala el objetivo más claro y obvio: ". . . Cantaré a tu nombre, oh Altísimo".
Eran recursos para expresar poética y melodiosamente el sentir del corazón del pueblo de Dios. En ese sentido, son alabanzas, gratitud, peticiones, desahogo, clamor, alegría, gozo.
Las emociones humanas expresadas hacia Dios como el principal y único motivo de adoración, por el arte de la música.
Los salmos, como los cantos de hoy, han de expresar siempre lo que sentimos por Dios; y han de cantar lo maravilloso que él ha sido, es y será para con los suyos.
Pero hay un detalle que parece olvidarse sobre los salmos. No son solo para cantar, sino también para contar.
En ese sentido, los salmos, y por ende los cantos de todos los tiempos, deben también mirar hacia este objetivo: "contar todas tus maravillas".
Es claro que Dios no necesita que le contemos lo que él ha hecho, pero sí lo necesita el mundo.
El arte de la música debe ser un instrumento para contarle a los demás lo que Dios es, lo que ha hecho antes y lo que puede hacer por aquel que no lo conoce.
Los salmos, los himnos, los coros, las canciones, sin importar el género musical, su lugar en el tiempo, o su origen cultural, deben cumplir con estos dos objetivos: cantar y contar la grandeza de Dios.
Mientras se utiliza la habilidad artística para expresarse, y se aplican todos los recursos musicales que cada generación aporta, la iglesia debe seguir priorizando cantar, glorificar, exaltar el nombre de Dios con sus canciones, pero también contar, anunciar, declarar al perdido, al necesitado, al mundo entero, de este buen y gran Dios que nos salvó y también los puede salvar a ellos.
Analicemos nuestros cantos; y más allá de géneros o estilos preferidos, prioricemos que las letras exalten el precioso nombre de Jesús, y proclamen al mundo el amor de Cristo por el perdido.
Cantemos y contemos la gloria de nuestro bendito Salvador.
Isaí Rodríguez Ruiz