En su reposo. 17/11/2021. T9. E20.
“Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó”.
S. Juan 20:8
Carrera por la fe
Pedro y Juan se enfrascaron en una carrera para llegar al sepulcro.
La noticia de que el cuerpo de Jesús no estaba en el lugar donde lo habían colocado golpeó sus mentes y corazones.
Una tormenta de ideas bullía en su interior mientras recorrían la distancia desde su lugar de escondite hasta el sepulcro a las afueras de la ciudad.
Para un más joven discípulo amado la carrera física fue lo de menos. Empezaron juntos pero pronto dejó atrás a su compañero.
Sin embargo, su temperamento menos dinámico que el de Pedro lo detuvo a la entrada del sepulcro.
A la distancia observaba la escena pero no se atrevía a analizarla más detenidamente.
Pedro en cambio, no se detiene ante nada. Avanza precipitado y analiza detalladamente todo lo que sus ojos observan.
Pero es Juan, quien después de animarse a entrar el que da el paso final, el importante, el necesario.
A veces el cristianismo parece una carrera, una competencia ente quién es mejor o más maduro.
Quien avanza más, quien hace más cosas, quien destaca por encima de otros.
Pero esta carrera entre los dos discípulos nos da un ejemplo de lo verdaderamente importante.
No se trata de llegar primero que otros; de tener más años en el evangelio o de tener más experiencia que los demás.
Tampoco se trata de quien es más “aventado” o de quien conoce más a detalle la Biblia o la doctrina.
No basta con llegar primero o con llegar y tener las pruebas en la mano.
Lo que se necesita es creer.
Un acto sencillo, un paso simple. Sin escenas espectaculares ni acciones emotivas.
Desde lo más profundo de un corazón compungido; y con los argumentos que la razón nos da, creer en Jesús, en su vida, su muerte, su resurrección, su perdón, su gracia , su amor.
Una vez más, todo se trata de creer.
Que nuestra vida cristiana no se centre en fantasiosas escenas religiosas. Mucho menos en argumentos falaces, manipuladores de la emoción.
Que miremos a la cruz y a la tumba, que confirmemos con la vista y con el corazón, y que sostenidos en la incuestionable verdad de la resurrección de Cristo, creamos en él rindiéndole nuestra vida entera en adoración eterna.
Isaí Rodríguez Ruiz