En su reposo. 28/05/2022. T17. E13.
“Y el arca de Dios estuvo con la familia de Obed-edom, en su casa, tres meses; y bendijo Jehová la casa de Obed-edom, y todo lo que tenía”.
1 Crónicas 13:14
Casa bendecida
Las circunstancias no fueron las más favorables.
Obed-edom recibió el arca del pacto en su casa debido a que David no se atrevió a llevarla hoy al asta Jerusalén.
La muerte de Uza lo atemorizó y prefirió detener sus planes y enviar el arca a otro lugar.
No debe haber sido grato para Obed-edom ser el escogido para esta responsabilidad, sabiendo los riesgos que esto implicaba para él y su familia.
Sin embargo, los resultados fueron totalmente inesperados.
Resultó que su casa, su familia, comenzó a ser notablemente bendecida a causa de la presencia del arca de Dios.
Y es que si bien Dios había castigado a Uza por tocar el arca, lo cual representa la inquebrantable santidad de Dios, también es verdad que la obediencia de Obed-edom para abrir su hogar al arca, muestra la disposición que toda persona debe tener para abrir su hogar a la presencia de Dios.
La presencia del arca en la casa exige santidad sin duda, obediencia y compromiso, pero trae consigo una bendición inigualable.
Todos pudieron notar esa bendición en la casa de Obed-edom, y de la misma manera es posible hoy que se note la bendición de Dios sobre un hogar, una familia que abre su corazón a la presencia del Señor.
La presencia de Dios en una casa no depende de imágenes o ritos, mucho menos de amuletos o símbolos, depende de la disposición que se tenga para recibirlo, honrarlo y obedecerlo.
La presencia de Dios en un hogar no es algo que podemos presumir o publicar, es algo que se notará por sí sola. Es decir, la bendición de Dios será visible a propios y extraños.
La presencia de Dios en casa es algo que deberíamos anhelar cada uno de nosotros, por la bendición que representa y por los beneficios espirituales y eternos que otorga.
Que hoy y cada día abramos nuestro hogar a la presencia de Dios y nuestra casa sea bendecida por la gloria de Dios que nos acompaña cada día.
Isaí Rodríguez Ruiz