En su reposo. 27/12/2022. T24. E27.
"Una cosa he demandado a Jehová, esta buscaré; que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo".
Sal. 27:4
Casa de Jehová
Mucho se debate hoy en día el derecho de un hijo de Dios a reclamarle algo al Señor.
Pues bien, David parece tenerlo bastante claro. Él demanda a Dios una cosa.
El uso de la palabra "demandado" no tiene un sentido de orden o exigencia, mucho menos de un carácter legal; mas bien, la idea implícita es la solicitud de algo que se requiere con urgencia.
Todavía más interesante, es el hecho de que David pide algo a Dios, pero él promete también buscar eso que solicita: "esta buscaré"; es decir, en otras palabras: "le estoy pidiendo algo a Dios y haré todo lo que está de mi parte para que tal cosa suceda".
Quienes intentan exigir o demandar algo de Dios, no parecen estudiar ampliamente este salmo, pues aun cuando David demanda algo de Dios, esto que él solicita va totalmente de acuerdo con el corazón del Señor.
No pide bienes materiales, ni siquiera usa este momento para "demandar" la destrucción de sus enemigos. No. Él pide poder estar en la presencia de Dios.
Y es que la casa de Dios lo es todo para un hijo de Dios.
Los versículos siguientes, cinco y seis, mantienen la analogía, y nos muestran la idea central.
David se aseguraba de estar en la casa de Dios, primero porque sabía que ahí podría encontrar la hermosura de Dios, la belleza incomparable de su creador, que podría ofrecerle luz y dirección para los días de incertidumbre.
Pero además, David sabía que la casa de Dios era su refugio más seguro, el lugar donde encontraría la paz y seguridad que ningún lugar en el palacio, ni en la ciudad entera podrían ofrecerle.
Y tercero, porque desde la casa de Dios, habitando en la presencia del Señor, podría ver la mano del Todopoderoso actuando a su favor, y cuando la victoria final llegara sobre aquello que quebrantaba su vida, él podría presentar ahí mismo, en la casa de Dios, su ofrenda de alabanza y adoración.
Su demanda, o mas bien dicho, su ruego, es poder vivir en la presencia de Dios, representada en aquel tabernáculo donde resguardaba el arca del pacto, pues ahí encontraría consejo, sabiduría, protección, victoria y oportunidad de adorar a su Creador.
Igual que en los tiempos del rey David, habitar en la presencia de Dios es lo mejor que puede ocurrirnos ahora. Desear, pedir, rogar, demandar, suplicar, pero sobre todo buscar, anhelar, añorar y disfrutar tal presencia es deber y privilegio de todo verdadero hijo de Dios.
Que su presencia lo sea todo para nosotros.
Isaí Rodríguez Ruiz