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En su reposo. 20/11/2021. T10. E2.
“Cualquiera que saliere fuera de las puertas de tu casa, su sangre será sobre su cabeza, y nosotros sin culpa. Mas cualquiera que se estuviere en casa contigo, su sangre será sobre nuestra cabeza, si mano le tocare”.
‭‭Josué‬ ‭2:19‬

Casa de protección

El compromiso adquirido por aquellos hombres revela el nivel de confianza que Josué tenía en ellos.

Empeñaron su palabra sabiendo el riesgo que había corrido aquella mujer para guardarlos de la mano del rey de Jericó, pero con ello comprometieron a toda la nación, a todo el ejército de Israel.

La única condición que le pusieron a Rahab para hacer válido su compromiso fue: que la casa fuera fácilmente identificable y que sólo quienes estuvieran dentro de la casa serían salvados de la muerte.

Una petición lógica lo de tener una manera de identificar la casa, pues para todos los demás sería un lugar desconocido. Era necesario que cualquiera estuviera en posibilidades de saber cuál era la casa con la que aquellos espías se habían comprometido a resguardar.

La provisión divina hace posible una conexión entre este momento y la salvación que Dios provee a la humanidad.

Aquel cordón de grana colgando de la ventana nos recuerda fácilmente la escena conocida para muchos de los soldados hebreos, de los dinteles de las puertas de sus casas en Egipto, manchadas con la sangre del cordero para evitar que el ángel de la muerte matara al primogénito de ese hogar.

Así que es fácil ver la simbología. El cordón de grana representa la señal de la sangre, la sangre del cordero de la pascua, la sangre del Cordero de Dios.

Pero una vez más, el rescate ofrecido por Dios para todo ser humano, tiene su validez y aplicación solo sobre aquellos que estén dispuestos a recibirlo.

Solo las casas que pusieron la sangre en sus dinteles se salvaron de la muerte de sus primogénitos; y solo aquellos que estuvieran dentro de la casa de Rahab se salvarían de la aplastante victoria que Dios daría a su pueblo en contra de Jericó.

Había que estar dentro de la casa para salvarse. La casa con el cordón de grana.

Hoy, la verdad escondida en esta historia sigue vigente.

La sangre ya ha brotado, la cruz ya ha sido manchada con la sangre del Cordero. Ya está disponible el perdón, la salvación y la vida eterna para el que desee adquirirla.

Solo hay que estar dentro de la casa. Hay que venir a él en fe, hay que entregarle el corazón, hay que renunciar a la vida fuera de su voluntad, fuera de esta “casa” que es su gracia, y vivir la plenitud de vida que él tiene reservada para nosotros.

Gracias a Dios por este lugar de gracia y perdón que él nos ha obsequiado.

Isaí Rodríguez Ruiz