En su reposo. 30/11/2022. T24. E4.
"Respóndeme cuando clamo, oh Dios de mi justicia. Cuando estaba en angustia, tú me hiciste ensanchar; ten misericordia de mí, y oye mi oración".
Sal. 4:1
Clamor
Como muchos otros salmos, el salmo 4 expresa el clamor del autor.
Clamar a Dios es un intento por señalar la trágica condición de quien clama, al mismo que su dependencia y confianza en el Dios a quien adora y en quien espera.
Clamar da la idea de exponer de manera significativa la angustia que invade el corazón de aquel que se acerca a Dios.
Clamar es abrir el corazón buscando con desesperación la ayuda que solo Dios puede otorgar.
Clama el angustiado, clama el desesperado, clama el necesitado.
Pero este clamor no es un clamor sin sentido.
Se clama a Dios, con la certeza de que él escucha y responde cuando clamamos a él con todo el corazón.
Se clama sabiendo que el Señor nos ha justificado, no por nuestras buenas obras, sino por el sacrificio de Cristo, y esto nos otorga el enorme privilegio de ser escuchados y ayudados por la justicia de Dios.
Se clama con la seguridad de que así como en el pasado ya ha escuchado y ha contestado, tal cual puede volver a hacerlo el día de hoy.
Se clama sabiendo que no merecemos ser escuchados ni recibir cosa alguna de parte de Dios, pero aún así él nos oye conforme a la multitud de su misericordia.
Qué maravilloso es saber que no estamos solos, que lo tenemos a él, que sus promesas son nuestras, que su justicia nos ha sido imputada y que tenemos acceso a su misericordia.
Sin importar la gravedad de la enfermedad, lo enorme del problema, la gran necesidad frente a nosotros, y todo lo que esto provoca en nuestros corazones, dolor, tristeza, frustración, incertidumbre, angustia, todavía podemos clamar a él, todavía podemos correr a sus brazos y desahogar nuestra alma en su presencia.
Él escuchará, y responderá, y se glorificará en los suyos.
Clamemos a él.
Isaí Rodríguez Ruiz