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En su reposo. 29/08/2022. T21. E4.

“Ve y reúne a todos los judíos que se hallan en Susa, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche y día; yo también con mis doncellas ayunaré igualmente, y entonces entraré a ver al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca.

‭‭Ester‬ ‭4:16‬

Compromiso mortal

Nadie puede afirmar que es fácil hacer un compromiso.

Los compromisos implican obligaciones y consecuencias.

En el caso de la reina Ester la noticia de los malévolos planes de Amán llegaron hasta sus oídos con el clamor de ayuda por parte de Mardoqueo.

Pero lo que su primo le pedía requería un nivel de compromiso superior.

De asumir el reto, se vería obligada a arriesgarlo todo en una jugada cuya consecuencia no sería banal.

El compromiso que se le pedía que tomara pondría en riesgo no sólo su reputación o su corona, sino su vida misma.

¿Estaría dispuesta a tal nivel de compromiso?

¿Qué tan comprometidos estamos nosotros como hijos de Dios?

¿Asumimos las obligaciones que hemos adquirido al comprometernos a ser hijos de Dios?

¿Estamos conscientes de las posibles consecuencias del compromiso que hemos tomado de la mano de Dios?

Después de un momento de titubeo, Ester tomó en sus manos la responsabilidad, asumió el compromiso y estuvo dispuesta a todo.

Pero ni ella ni nadie necesita ir sola a semejantes niveles de riesgos.

La búsqueda propia de Dios y la intercesión de otros a nuestro favor, tal como lo hizo y solicitó esta sabia y atrevida reina, tienen en sí mismas una fuente de poder inagotable para afrontar todo lo que viene en nuestra contra.

Dispuesta a morir si era necesario, se puso en las manos de Dios, pero  también de Mardoqueo y de todos los judíos de la capital para clamar por gracia y misericordia ante los peligros que enfrentaba.

Igualmente, cuando los compromisos adquiridos como hijos de Dios pongan en peligro incluso nuestra vida, la oración y el ayuno propio, así como el de otros a nuestro favor, sigue siendo un método infalible para superar las adversidades.

El Señor nos ayude para no olvidar esta gran verdad.

Isaí Rodríguez Ruiz