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En su reposo. 07/03/2022. T14. E13.
“Y Amnón tenía un amigo que se llamaba Jonadab, hijo de Simea, hermano de David; y Jonadab era hombre muy astuto”.
‭‭2 Samuel‬ ‭13:3‬

Con esos amigos…

Muchas desgracias sobrevinieron a David después de su pecado con Betsabé.

Y aunque pueden ser consideradas consecuencias de su error, la Biblia nos da indicios de que hubo otros desencadenantes.

En esta historia, por ejemplo, es claramente visible que todos los eventos, la violación de Tamar, el asesinato de Amnón, el exilio de Absalón, todo sucedió por un “amigo” de Amnón.

Jonadab ve a Amnón triste y angustiado, y como amigo se interesa por su bienestar. Eso parece estar bien, sin embargo, no es de amigos verdaderos el consejo que le da al príncipe heredero.

Tampoco es necesariamente malo que sea un hombre astuto, pues tal característica podría convertirlo en alguien valioso para el futuro rey.

Pero la forma en que utiliza su astucia, y la manera en que se gana la amistad de Amnón resultó catastrófica.

La mejor prueba de que su amistad era dañina y peligrosa está en los mismos hechos que provocaron sus consejos.

Hizo pensar a Amnón que como príncipe heredero podía hacer lo que le placiera.

Lo incitó a manipular las circunstancias a su favor, y con ello usar de su fuerza para obtener lo que deseaba.

Y peor aún, cuando Amnón lo necesitó, allá en el campo a lado suyo cuando Absalón lo mandó matar, Jonadab estaba muy tranquilo en el palacio del rey.

Por la forma en que se expresa, él sabía o sospechaba que Absalón planeaba la muerte de Amnón, quizá por eso no acompañó a su amigo a la fiesta del hermano de Tamar.

Qué terrible amistad es esta.

Tal historia nos debe hacer reflexionar sobre la clase de amigo que somos, y la clase de amigos que nos rodean.

No seamos como Jonadab. Que nuestra amistad procure siempre el bien de aquellos que nos brindan su confianza y que nuestras palabras o consejos estén a la altura de las circunstancias.

Pero también seamos cuidadosos de a quien llamamos “amigo”, pues no es amigo aquel que solo nos impulsa a hacer lo que queremos, sino quien nos invita al camino del bien, aunque esto signifique renunciar a nuestras pasiones.

Así también honramos a Dios, y dignificamos su amor en nuestros corazones.

Isaí Rodríguez Ruiz