En su reposo. 26/04/2022. T16. E10.
“Con todo eso, Jehú no se apartó de los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar a Israel; y dejó en pie los becerros de oro que estaban en Bet-el y en Dan”.
2 Reyes 10:29
Con todo eso
¿Puede alguien que siente un celo santo por Dios y su obra, equivocarse en su consagración a Dios?
Sí.
Jehú es el mejor ejemplo para esta verdad.
Un hombre impetuoso. Comprometido con la causa. Liberar a la nación de Israel del lastre espiritual que Acab y los suyos habían traído sobre el pueblo.
La adoración a Baal sería eliminada de raíz en Israel, y el nombre de Acab borrado sin dejar huella alguna de su existencia en la genealogía.
La forma en que Jehú sustenta su reinado, es recurriendo a la profecía de Elías, quien incluso había sido comisionado para ungirlo como rey.
Él sabía que había sido escogido por Dios para cumplir las profecías y destruir a Baal y a sus seguidores, limpiando a Israel de este pecado vergonzoso.
Aun cuando Elias no fue testigo presencial de este momento, fue sin duda el resultado de su impactante ministerio profético.
“Con todo eso”.
Todo iba tan bien, pero, “con todo eso”.
Con todo lo que tenia a su favor.
Con todo lo que sí logro hacer bien.
Con toda la posibilidad de lograr lo que nadie había logrado hasta entonces en el reino del norte.
No alcanzó los niveles de consagración, compromiso y santidad que se esperaban de él.
No fue capaz de vencer la adoración a los becerros de oro que había fundido Jeroboam y que habían sido el motivo de su perdición.
La expresión: “no se apartó”, sugiere la idea de que sigue adorando a esos becerros y promoviendo su adoración.
Habrá que recordar, que esos becerros fueron creados con el fin de evitar que la nación descendiese a Jerusalén para adorar a Jehová.
Fue tan fuerte este pensamiento que la nación entera relacionaba a Jehová con esos ídolos, y es por eso que Jehú experimentaba esta incongruencia.
No fue capaz de distinguir entre Dios y esos becerros, y eso lo llevó a creer que hacía bien adorándolos.
Error que Dios no pasó por alto y que provocó que tampoco la descendencia de Jehú pudiera permanecer en el trono de Israel.
Qué terrible que por más que nos esforcemos y nos consagremos y santifiquemos, no seamos capaces de distinguir a Dios de los demás dioses que hemos creado.
De nada sirve destruir a los baales de nuestro corazón, si seguimos adorando a los becerros que confundimos con nuestro gran Dios.
No hay pecado más lamentable que aquel en el que alguien piensa que está adorando a Dios, pero en realidad sirve a sus propios dioses.
Líbrenos el Señor.
Isaí Rodríguez Ruiz