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En su reposo. 12/11/2021. T9. E16.
“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”.
‭‭S. Juan‬ ‭16:33‬

Confiad

Uno de los propósitos de la Biblia es traer paz al corazón del hombre.

Puede parecer irónico que este propósito se cumpla a partir del conocimiento de las cosas negativas que han de venir a nuestras vidas, pero así es como funciona.

Gran parte del discurso de Jesús incluye un anticipo de las notas del mal que sobrevendrá a sus discípulos, para que, una vez advertidos, la llegada de la adversidad no nos sorprenda.

Pero la base para evitar la sorpresa no ha de ser solamente el hecho de haber sido advertidos del arribo del mal, aunque no es de negar el gran valor que tiene estar prevenidos y preparados para enfrentar las luchas que están a la vuelta de la esquina.

Todavía más trascendente que esto es el hecho de que Jesús anticipa no sólo los problemas sino que argumenta y suscribe de manera incuestionable la victoria que él ha de obtener y compartir con los suyos.

Podemos estar tranquilos, ya sabemos que vendrán las crisis, pero también es de nuestro entendimiento que estas pruebas jamás podrán vencer a Cristo ni a su pueblo, por lo tanto podemos vivir en la paz que él nos otorga.

Si es así, el cuadro completo nos lleva a valorar el conocimiento anticipado de los problemas, a reconocer que su presencia puede ser indeseable, pero también inevitable, y que por lo tanto, podemos y debemos sostenernos de la verdad de las promesas divinas de compañía y victoria.

Tales promesas, las presentes en este pasaje y las que corren por toda la Escritura, consuelan, fortalecen, dan vida a la iglesia y nos impulsan cada día a dar lo mejor de nosotros sabiendo que el Señor está a nuestro lado.

Sin dejar de darle el valor y la dimensión que los problemas, las adversidades, necesidades y luchas tienen en nuestra vida, pongamos la vista en el gran Dios que nos ha avisado mucho antes de tales días grises, y que puede ver mucho más allá de estos momentos aciagos.

Es su promesa, jurada por sí mismo, que nos daría victoria en la hora final, y por tanto no hay nada qué temer.

Él puede ver nuestra victoria, puede ver nuestra salvación eterna, puede ver su paz fluyendo hacia nosotros.

Que así sea, y que su nombre sea glorificado por la eternidad en nuestra vida.

Isaí Rodríguez Ruiz