En su reposo. 30/12/2021. T11. E12.
“Entonces se reunieron los varones de Efraín, y pasaron hacia el norte, y dijeron a Jefté: ¿Por qué fuiste a hacer guerra contra los hijos de Amón, y no nos llamaste para que fuéramos contigo? Nosotros quemaremos tu casa contigo”.
Jueces 12:1
Conflicto entre hermanos
Después de una gran victoria como la que experimentaron los israelitas bajo el liderazgo de Jefté, era de esperar que vinieran tiempos de alegría y regocijo.
Quien más debía alegrarse ante tal acontecimiento era la familia, pero ocurrió todo lo contrario.
Efraín, la tribu más poderosa del norte de Israel no intervino en la batalla, y llegada la victoria, en lugar de gozarse con sus hermanos de Galaad por el triunfo, se enojó contra Jefté por no hacerlos partícipes de aquel momento.
Su falta de apoyo en el momento necesario y su afán de protagonismo una vez pasada la crisis, provocaron una guerra interna que devastó a la tribu de Efraín.
La aplastante victoria que Dios le dio a Jefté contra los enemigos externos se repitió de manera poderosa contra aquellos que osaron criticarlo por guiar al pueblo contra los amonitas.
Tres lecciones nos deja esta historia.
Jefté sí había llamado a los de Efraín pero estos lo ignoraron.
Qué terrible es cuando las batallas de otros nos parecen insignificantes. Su llamada de auxilio es ignorada y les damos la espalda cuando nos necesitan.
La queja de Efraín es contra Jefté, pues pusieron en tela de juicio su liderazgo y quisieron quedarse con el crédito de aquella victoria contra Amón.
Qué lamentable es la búsqueda del poder y de protagonismo. No traerá nada bueno el deseo obsesivo de sobresalir, mucho menos si para lograrlo tenemos que destruir a otros.
Nada de esto hubiera pasado, incluyendo la derrota de Efraín y todas sus pérdidas, si esta tribu hubiera tomado la actitud correcta: gozarse con la victoria de sus hermanos.
Aún considerando que Efraín no hubiera podido ayudar a sus hermanos, por lo menos gozarse con ellos ante la gloriosa victoria era lo que debía esperarse de su parte.
Que las victorias de nuestros amigos, hermanos y de aquellos que amamos nos llenen de gozo, compartamos su alegría y disfrutemos con ellos los días de felicidad que el Señor les concede.
Tal es el espíritu con el que debe conducirse un hijo de Dios.
Isaí Rodríguez Ruiz