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En su reposo. 23/05/2022. T17. E8.
“Bería también, y Sema, que fueron jefes de las familias de los moradores de Ajalón, los cuales echaron a los moradores de Gat”.
‭‭1 Crónicas‬ ‭8:13‬

Conquistar y proteger

Un vistazo a la geografía nos da una ubicación distante entre Ajalón y Gat.

Ajalón está apenas a unos 20 km al noreste de Jerusalén, mientras que Gat es de las cinco ciudades reino de los filisteos, al sureste de la capital.

Ajalón fue aquel lugar sobre el que se detuvo la luna a la oración de Josué, un lugar donde habitaban los amorreos, y que se convirtió en heredad de la tribu de Dan pero que jamás lograron conquistar del todo.

Fue también una zona designada para los levitas, pero serían los benjaminitas quienes conquistarían esa tierra y la habitarían hasta convertirla en su lugar de morada permanente.

Sin embargo, una cosa es conquistar y otra es proteger lo conquistado.

La expresión de nuestro versículo al hablar sobre Gat, y al considerar la distancia entre los dos lugares, infiere que los filisteos hicieron incursiones hacia el norteamericano del país y llegaron hasta Ajalón.

Es ahí donde cobra más valor la expresión: “echaron a los moradores de Gat”; es decir, los repelieron, los detuvieron en su intento de avance contra Ajalón.

Claro que conquistar una ciudad era importante; pero no menos importante era saber proteger lo conquistado.

No basta con alcanzar una meta, hay que saber permanecer.

La lucha por vivir bajo la voluntad de Dios y conquistar aquello que él nos ha llamado a hacer es solo la primera parte de nuestra responsabilidad.

Es igualmente valioso cuidar nuestras vidas para proteger aquello que nos ha sido entregado por el Señor, luchando contra todo lo que intente quitarnos lo que hemos conquistado en el nombre de Jesús.

Mientras agradecemos a Dios por lo que hemos conquistado hasta hoy, y miramos hacia el futuro victorioso que aún nos espera, no descuidemos lo que ya está en nuestras manos, pues sin duda el enemigo de nuestras almas intentará arrebatárnoslo, y lo logrará si nos volvemos displicentes.

Cuidemos la salvación, la santidad, el fruto del Espíritu, la comunión con su pueblo, la sensibilidad a su Palabra, la pasión evangelizadora, el primer amor.

Así nos haga el Señor y aún nos añada, que nos bendiga su gracia y le adoremos con fervor al proteger el regalo maravilloso de su amor.

Isaí Rodríguez Ruiz