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En su reposo. 17/11/2022. T23. E35.

"Al hombre como tú dañará tu impiedad, y al hijo de hombre aprovechará tu justicia".

Job 35:8

Consecuencias

A Dios no le beneficia ni le perjudica el bien o el mal del hombre. Esa es en pocas palabras la argumentación de Eliú en este capítulo.

Dios no recibe las consecuencias de nuestros actos. Somos nosotros, nuestro entorno, las personas que nos rodean, las que reciben los efectos de nuestras acciones.

Esta gran verdad puede ser difícil de asimilar. En primer lugar porque equivocamos el concepto sobre el bien y el mal en relación con Dios.

Dios espera que el hombre se aparte del mal y haga el bien, pero la razón para eso es porque él es bueno y espera que nosotros seamos buenos, ya que ese es el estado original en el que creó al hombre.

Al pecar, el hombre se aleja de Dios, y es otra vez él mismo quien tiende el puente para acercarnos a su comunión por medio de su Hijo.

Pero sus motivos para todo esto no tienen conexión con las consecuencias del bien o del mal.

A él no le afecta de ninguna manera lo que haga le hombre. Entonces, ¿por qué premia con vida eterna o castiga con condenación eterna al bueno y al malo respectivamente?

Ese es el segundo error que cometemos. Creemos que la salvación o la condenación del hombre está basada en las buenas o malas acciones, pero en realidad el destino del hombre se basa únicamente en su respuesta a la oferta de Dios a través de Jesucristo.

Lo aceptas, tienes vida eterna, lo rechazas, recibes condenación. Las buenas acciones que se esperan de aquel que cree en Jesús, no son para otorgarle salvación, sino para testificar al mundo que ya ha sido salvado.

Luego entonces, las consecuencias de ser bueno o malo no las sufre Dios sino el hombre mismo. El impío, con sus malas obras recibe en si mismo la condenación, al tiempo que también hace sufrir a quienes cargan su maldad; y al justo, le sobrevienen las bendiciones del cielo, mientras su testimonio trae fruto de bien a todos los que le rodean.

Cuidemos nuestras acciones, no solo porque con ellas testificamos si somos hijos de Dios o no, sino porque las consecuencias de todo lo que hacemos las sufriremos nosotros mismos, y seguramente aquellos que están a nuestro alrededor.

Isaí Rodríguez Ruiz