En su reposo. 21/02/2022. T14. E1.
“Y David le dijo: Tu sangre sea sobre tu cabeza, pues tu misma boca atestiguó contra ti, diciendo: Yo maté al ungido de Jehová”.
2 Samuel 1:16
Conveniencias
La muerte de Saúl es descrita fielmente en la Escritura. No hay duda de lo que realmente pasó; pero, entonces ¿por qué el hombre de este capítulo se acerca a David con esta mentira?
La Biblia no nos dice con claridad lo qué pasó por la mente de este amalecita, así que solo podemos suponer.
Quizá vio lo que realmente pasó y quiso contar una versión “mejorada” de la historia.
Una versión a su posible conveniencia.
Quizá en su mente pensó que podría beneficiarse de llevar las “buenas nuevas” al campamento del “enemigo” de Saúl.
Tocó el cuerpo del rey y arrebató de él su corona y brazalete, pensando que recibiría mucho más por el agradecimiento de David.
Y es que ¿quién pensaría lo contrario? Lo normal, lo humano, lo natural, era que David se alegrara con semejante noticia.
Su perseguidor, aquel que deseaba su muerte, había fallecido y frente a él tendría al “héroe” que le trajo esta “maravillosa noticia”.
Es muy probable que mientras preparaba sus ropas para aparentar que había participado de la batalla, pensaba: “Por su puesto que seré recompensando y honrado”.
Pero David estaba lejos de reaccionar así.
Y no solo por el aprecio y el pacto de amistad que lo unía a Jonatán; sino, y principalmente, por tener claro que Saúl a pesar de todo seguía siendo el ungido de Jehová.
Mejor le hubiera sido a aquel hombre no intervenir, ni querer sacar provecho de la situación.
Incluso le hubiera ido mejor si se hubiera conformado con robar las piezas reales.
Buscando su conveniencia, mintió buscando ser reconocido, pero solo encontró rechazo y vergüenza. Y al final, murió por un acto que ¡ni siquiera había cometido en realidad!
Tal es el destino de aquellos que buscan su propia conveniencia; y peor aún, lo hacen mintiendo y arrogándose créditos que no les corresponden.
Tarde o temprano serán juzgados y condenados por su maldad, e incluso pagarán por los hechos que ni siquiera cometieron pero que hicieron suyos con engaños y mentiras.
Qué terrible lección nos deja esta historia.
El Señor nos ayude a no buscar nuestro beneficio personal. A no mentir sobre quiénes somos y lo que hacemos. A no amar el reconocimiento y honra de los hombres, pues solo encontraremos vergüenza y dolor.
Isaí Rodríguez Ruiz