En su reposo. 22/10/2022. T23. E13.
"He aquí, aunque él me matare, en él esperaré; no obstante, defenderé delante de él mis caminos".
Job 13:15
Convicción
La muerte no es una idea lejana para Job.
No está sentado en la sala de su casa disfrutando de paz y prosperidad a lado de los suyos.
La muerte le respira en la nuca, es una posibilidad tan cercana y real como el poco aire que puede llevar a sus pulmones.
Su muerte es muy factible desde la humillante posición en la que se encuentra postrado; y sin embargo, ni siquiera la tangible posibilidad de morir es capaz de hacerle cambiar de opinión en cuanto a su fe y valores.
Cree en Dios, como debe creer cada persona en el mundo. Cree que es Dios, que es soberano y que es dueño de todo, incluso de su vida.
Por lo tanto, espera en él.
¿Qué es lo que espera?
La esperanza en este caso, no está basada en algo que Dios haya prometido hacer por él de manera específica, sino en el simple hecho de saber que si Dios tiene el control de todas las cosas, seguramente está también en control de lo que pasa en la vida de Job.
De alguna manera, la simple existencia de Dios, y su fe en él, le garantiza al patriarca que, aún cuando Dios tomara la decisión de quitarle la vida aquí en la tierra, Job seguirá creyendo que él es Dios.
No recriminará nada, no pedirá más nada, no se quejará de lo que Dios decida hacer, porque él es Dios.
Semejante convicción no puede pasar desapercibida para aquellos que buscamos honrar a Dios, como un ejemplo a imitar.
Sin importar qué tan cerca esté el mal de nosotros, qué tan fuerte sea la enfermedad o la crisis, Dios sigue siendo Dios.
Creer en él no es sólo esperar que solucione nuestros problemas, que sane nuestras enfermedades o nos libre de la muerte.
Creer y esperar en Dios significa que seguimos dependiendo de él, aunque no nos sane, aunque no nos resuelva los problemas y aunque nos haga pasar por el umbral de la muerte.
Desarrollemos esta convicción, fortalezcamos así nuestra fe, afrontemos con esa entereza las adversidades, glorifiquemos de esa manera el precioso nombre de nuestro Señor y Dios.
Isaí Rodríguez Ruiz