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En su reposo. 05/04/2023. T24. E112.
"No tendrá temor de malas noticias; su corazón está firme, confiado en Jehová".
Sal. 112:7

Corazón firme

La prosperidad es un tema muy cuestionado en el contexto religioso.

Hay quienes la creen inapropiada, poco congruente con la humildad que predicaba Cristo, y llegan al extremo de considerarla motivo de pecados como la avaricia y el orgullo.

Por otro lado, están aquellos que la consideran casi una obligación, pues creen que es resultado obligatorio de ser un hijo de Dios.

Pero la Biblia tiene un perfecto equilibrio entre estas ideas polarizadas.

El salmo 112 refleja la prosperidad que espera a los que temen a Dios.

Esta prosperidad puede incluir bienes y riquezas, así que no es de extrañar que se alcance dicha estabilidad económica.

Pero el salmo, por no decir toda la Biblia, infiere también la presencia de las adversidades para el creyente.

Las "malas noticias" a que hace referencia el versículo 7 son la forma de reconocer que las dificultades no faltarán al hijo de Dios, pero que su mayor prosperidad se encuentra en la paz que tiene en Dios.

La prosperidad es alcanzar el estado de bienestar integral que Dios puede ofrecer a los suyos; el cual incluye un corazón firme y una confianza absoluta en la fidelidad divina.

Luego entonces, abogar por una vida en pobreza no es un argumento bíblicamente válido, pues la superación material no está lejos de ser posible para un hijo de Dios.

Pero creer que Dios está obligado a prosperarnos materialmente es un terrible malentendido de lo que para Dios significa prosperarnos.

La mayor prosperidad que Dios ofrece no es aquella que se basa en dinero o posesiones materiales, sino en la prosperidad del alma que crece en fe, que adquiere seguridad, que depende totalmente de Dios.

Los hijos de Dios no deben permanecer pobres, pero tampoco deben anhelar ser ricos; al menos no en el sentido de considerar el estado financiero como nuestra prioridad.

En abundancia o en escasez, el creyente necesita prosperar en aquellas cosas que Dios anhela regalarnos: fe, gozo, seguridad, amor, paz, confianza.

Que cada día prosperemos hasta alcanzar la plenitud en Cristo.

Isaí Rodríguez Ruiz