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En su reposo. 05/05/2022. T16. E18.
“Él quitó los lugares altos, y quebró las imágenes, y cortó los símbolos de Asera, e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban incienso los hijos de Israel; y la llamó Nehustán”.
‭‭2 Reyes‬ ‭18:4‬

Cosa de bronce

Cientos de años habían pasado desde la época de Moisés hasta este momento de la historia.

La elaboración de aquella serpiente de bronce es narrada en Números 21:4-9.

Ahí se detalla el origen y propósito de la serpiente. Creada por orden de Dios, su motivo era enseñar a la nación a confiar únicamente en él, pues la serpiente por sí misma no tenía poder, sino que era Dios quien actuaba a su favor cuando miraban hacia aquella “cosa de bronce” levantada en un asta.

Y es que era eso nada más, una cosa, una herramienta, un recurso para ese momento específico.

¿Quién le dijo al pueblo de Israel que le rindiese honores, culto, adoración?

¿No es esto muestra inequívoca del “contaminado corazón del hombre que adora cualquier cosa que le parezca superior sin considerar su origen y valor?

Siglos después, aquella serpiente era motivo de admiración, reconocimiento, y una devoción que rayaba en idolatría.

Pero no es Dios, ni una forma de él, ni mucho menos algo digno de ser adorado. Es solo “nehustán”.

Nehustán, es el nombre que dio el rey Ezequías a los pedazos de la serpiente una vez que él tomó la iniciativa para destruirla.

Y es que el rey de Judá se dio cuenta de que la actitud del pueblo hacia aquella “cosa de
bronce”, era perniciosa para su vida espiritual.

¿Cuántas “Nehustán”habrá en nuestros días?

¿Cuántas cosas, cuántas circunstancias y quizá hasta cuántas personas que Dios usó en su momento para bendecirnos las hemos convertido en objeto de nuestra devoción?

A Israel se le olvidó que quien sanó a los mordidos por las serpientes en el desierto no fue la “cosa de bronce”, sino Dios.

Y a nosotros muchas veces también se nos olvida que quien hace las cosas en nosotros no es el “aceite ungido”, ni la “súper Biblia de estudio” colocada en la sala de la casa, ni ningún otro amuleto espiritual que nos creamos sin darnos cuenta.

Ni qué decir de la forma en que a veces rendimos devoción a este o aquel líder espiritual, llámese evangelista, pastor o cualquier otro ministerio.

Pero todo eso son solo “Nehustán” cosa de bronce, instrumentos de Dios que hay que saber ubicar en el lugar correcto en nuestras vidas.

Tengamos cuidado de no quemar incienso, rendir devoción, cuasi adoración, a las herramientas de Dios. El Señor no comparte su gloria con nadie.

Quizá haya necesidad de quebrar estas serpientes de bronce y convertirlas en cosas que nos recuerdan que el único que merece adoración y reconocimiento es el único Dios grande y todopoderoso.

Que así sea para la gloria de Dios Padre y de su Hijo Jesucristo.

Isaí Rodríguez Ruiz