En su reposo. 26/05/2022. T17. E11.
“Y David iba adelantando y creciendo, y Jehová de los ejércitos estaba con él”.
1 Crónicas 11:9
Crecimiento
Todo el sufrimiento de los años pasados había llegado a su fin.
Atrás quedaron los días errantes, las cuevas, no hay necesidad de esconderse, de aparentar locura.
No más zozobra, David ha cumplido el propósito de Dios; y porque no decirlo, quizá también su sueño personal. David es ahora el rey de Israel.
Qué maravilloso es ver los planes de Dios cumplidos en nuestra vida.
Qué dicha tan grande ver convertidos en realidad nuestros más apreciados sueños.
Pero mal haríamos en conformarnos con llegar al lugar o posición que Dios nos entregó.
Hay un propósito mayor. Estamos ahí para algo más que solo el nombramiento o el título, o el puesto en el trabajo.
Estamos ahí para adelantarnos y crecer.
Adelantar da la idea de ir hacia adelante, de avanzar en el camino, de no quedar pasivo.
David fue nombrado rey de Israel e inmediatamente inició su plan de avanzada.
Conquistó Jerusalén, contra todo pronóstico de los jebuseos, y comenzó a organizar su estructura militar para los siguientes avances.
No es tiempo de conformarnos con haber llegado, existe la urgente necesidad de avanzar, de conquistar, de activarnos para dar uso correcto a lo que se nos ha entregado.
Esto nos llevará indefectiblemente al crecimiento.
En este contexto, crecer es sinónimo de superación. Es decir, David crecía, se superaba cada día en todo lo que hacía.
Este crecimiento implica también un reconocimiento público de su liderazgo, al igual que representa sus avances en todas las áreas de su reinado.
Crecer también significa mejorar. Pasar de un estado aceptable a uno cada vez mejor, por lo que de alguna manera está relacionado también con la excelencia en todo lo que se hace.
Luego entonces, es de esperar que los hijos de Dios crezcamos en el lugar donde Dios nos ha colocado.
Todo esto, sin olvidar que quien nos puso ahí y nos ayudará para adelantarnos y crecer, es Dios, pues así lo acota el versículo.
“Y Jehová de lo ejércitos estaba con él”.
Esa es nuestra base para llegar a donde él quiere y para crecer donde él nos lleva.
La absoluta dependencia de su gracia y favor debe ser la constante que nos permita habitar bajo la cobertura de su perfecta voluntad, y así garantizar su respaldo para todo lo que hacemos.
Dejemos que Dios nos ponga donde él desea, ahí creceremos si aprendemos a dejar que su presencia nos acompañe y guíe en cada paso que damos.
Isaí Rodríguez Ruiz