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En su reposo. 04/11/2021. T9. E9.
“Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró”.
‭‭S. Juan‬ ‭9:38‬

Creer, adorar

La pregunta que le hace Jesús a este hombre unos versículos atrás sigue siendo la pregunta que hace al mundo entero. Y es al mismo tiempo la clave para la salvación de la humanidad.

“¿Crees tú en el Hijo de Dios?”

Todo se trata de creer.

Pero hay que prestar atención.

Creer no se refiere solo a la capacidad racional de saber que esto o aquello es verdad.

Cuando Jesús cuestiona al hombre, este reacciona deseando conocer a su benefactor para poder creer en él.

Es así como Jesús se da a conocer ante él. Creer es desear conocerlo, es buscar la manera de entrar en una relación con él.

Es por eso que, cuando Jesús revela su identidad (habrá que valorar este hecho ya que solo lo hace ante dos personas, este ciego y la mujer samaritana), la reacción del ciego no se hace esperar.

Creyó. Creyó que Jesús es el Mesías y en todo lo que esto implicaba.

Creyó que era el Hijo de Dios, como pocos o casi nadie hasta entonces lo había hecho.

Y creer así, nunca permite la pasividad ante esta verdad encontrada.

Decir que se cree en Jesús no basta. Se tiene que ver. Tiene que haber resultados visibles. Y el más importante de todos esos resultados es y será siempre la adoración.

Aquel hombre sabía que nadie más podía recibir adoración sino solo Dios. Al adorar a Jesús muestra que su fe no eran solo palabras.

Cree, y lo hace con hechos. Adora a Jesús y con ello nos enseña que la fe se muestra en una rendición total, en una adoración absoluta, en una entrega sin restricciones.

Así tal cual ha de adorar aquel que entiende que éramos ciegos pero ahora vemos por la gracia de Dios; y que tal verdad nos lleve a una vida de fe y adoración al único que nos abrió los ojos y nos ha regalado vida eterna en él.

Isaí Rodríguez Ruiz