En su reposo. 30/09/2022. T22. E22.
"Así que, luego se apartaron de él los que le iban a dar tormento; y aun el tribuno, al saber que era ciudadano romano, también tuvo temor por haberle atado".
Hechos 22:29
Derechos
Pablo era ciudadano romano.
En los tiempos bíblicos esa era una ventaja social, política e incluso religiosa que no podía pasar desapercibida.
Aun el Señor, en la elección de Pablo para la predicación del evangelio en todo el mundo, debió tener en cuenta su ciudadanía.
En sus viajes, en los conflictos vividos, en la imagen que daba ante el mundo, era un plus que le ofrecía garantías y derechos que más de una ocasión le ayudaron para seguir adelante con su ministerio.
El caso de su aprehensión en Jerusalén no fue la excepción.
La forma en que Pablo usa su ciudadanía es un ejemplo del uso de los derechos ciudadanos que tenemos como cristianos, y como parte de una nación.
Las leyes del país donde vivimos, e incluso las leyes universales de derechos humanos, proveen a cada persona garantías individuales que le permiten vivir con dignidad.
Conocer tales leyes y derechos para su uso correcto y defensa de la integridad personal y ministerial, fue pieza clave en el quehacer del apóstol y puede ser útil para cada creyente.
Pablo no abusó de sus derechos. Pocas veces lo vemos usando el argumento de su ciudadanía en el libro de Hechos; lo que nos enseña que los derechos ciudadanos no son para ser abusados.
Son, en primer lugar, una responsabilidad. Es deber de cada creyente asumir su lugar como miembro de la sociedad y colaborar para el sano desarrollo de su comunidad, de su nación.
Los cristianos debemos ser los mejores ciudadanos de nuestra nación.
Pero son también para utilizarse en la defensa de la verdad, de la seguridad; y sobre todo, de la predicación del evangelio.
En este pasaje Pablo usa su derecho a ser escuchado, y aunque no rechaza el ser apresado, si utiliza condición de ciudadanía romana para evitar un abuso sobre su persona.
Hoy en día, el derecho universal de libertad de credo está siendo golpeado en diferentes frentes para censurar la libertad humana de profesar y compartir su fe; y es por eso que la iglesia necesita levantarse con firmeza para defender sus derechos y seguir predicando a Cristo en todo el mundo.
Que nuestra vida cívica sea ejemplar, y que luchemos por defender lo que es nuestro por conciencia: el derecho a vivir según nuestra fe y a proclamar al mundo que solo en Cristo hay salvación.
Isaí Rodríguez Ruiz