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En su reposo. 19/1072022. T23. E10.

"Diré a Dios: No me condenes; hazme entender por qué contiendes conmigo".

Job 10:2

Desahogo

No debe olvidarse el contexto de cada uno de los discursos que se van generando durante el libro de Job.

Tres amigos de Job lo han visitado y reflexionan con él sobre los sucesos que han venido en la vida del patriarca.

La interacción de Job con ellos interpone sus sentimientos y pensamientos motivado por todos los problemas que ha experimentado.

Es así que Job toma una vez más este hilo de ideas para destacar el mal que le aqueja, y aprovecha para usarlo como excusa para sacar todo lo que hay dentro de él.

Aunque muchos pudieran no estar de acuerdo con su actitud, habría que estar en los zapatos de aquel justo para entender lo que su alma sentía y cómo veía en su queja un medio para desahogar su pena.

Y es que, aun bajo tan terribles circunstancias, Job se mantiene cercano a Dios y es a él a quien dirige su dolor.

Sus argumentos pueden ser analizados y quizá hasta cuestionados, pero jamás podremos negar que en medio de su dolor, él siempre se dirigió a Dios para abrir su corazón ante el Señor.

Una lección que todavía tenemos que aprender y aplicar en nuestros días.

No, no son los placeres, ni los vicios los recursos que nos ayudarán a desahogarnos.

No son los excesos, ni la manipulación, como víctima o victimario lo que nos dará la oportunidad de expresar nuestra angustia.

Es la capacidad y madurez para desahogarnos de la forma correcta y sobre todo ante la persona correcta.

Y aunque puede haber personas que sean útiles en ese tema, sigue siendo Dios el personaje ideal para permitirle conocer lo más profundo de nuestro dolor y abrirle el pecho para que conozca la herida que doblega nuestro ser.

Aún hoy, Dios sigue siendo la mejor opción para desahogarnos. Podemos correr a él, caer a sus pies, abrir la boca o soltar el llanto; gemir sin pena y sufrir sin máscaras. Él está ahí para escucharnos, para abrazarnos y para fortalecernos.

Digámosle a Dios lo que hay en nuestro interior y luego permitamos al Señor hablar a nuestro corazón. Él pondrá su bálsamo y sanará nuestros heridas por amor de su nombre.

Isaí Rodríguez Ruiz