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En su reposo. 08/10/2022. T23. E1.

"En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno".

Job 1:22

Despropósito

Un despropósito es un hecho o palabra fuera de lugar, o inconveniente.

La conclusión del primer capítulo del libro de Job ofrece la idea de que Job no consideró que Dios hubiera hecho algo inconveniente.

Las desgracias que se enlistan, donde pierde a sus hijos y todo su ganado, su riqueza, son, para Job, situaciones en las que Dios no ha intervenido de manera inconveniente.

Pero, ¿de verdad podemos considerar que fue así, aun sabiendo que es Dios quien autorizó a Satanás a quitarle todos sus bienes a su siervo?

La clave, una vez más, está en la palabra: despropósito.

Es decir, de alguna manera Job entendió que Dios no solo es el dueño de todo, sino que puede permitir que las circunstancias cambien a nuestro alrededor, y aún así, no estar actuando de manera inconveniente.

Job reconoce que Dios puede dar y puede quitar; pero sobre todo, acepta que en cualquiera de los dos casos, no está obligado a dar explicaciones o a tener un motivo malintencionado para con la persona beneficiada o perjudicada.

He aquí uno de los grandes retos de los hijos de Dios de todos los tiempos, y ¡Job lo entendía desde entonces!

Nada de lo que Dios hace se le puede atribuir como algo hecho con mala intención.

En primer lugar porque él es soberano y dueño del universo.

En segundo lugar, porque contrario a lo que podemos ver en el momento de la tribulación, Dios no solo no actúa de manera inconveniente, sino que procura siempre el bienestar de sus hijos.

Arruinado materialmente, derrumbado  moralmente por la muerte de sus hijos, el patriarca puede ver en todo eso solo una circunstancia que no afecta en ningún sentido la majestad, soberanía y poderío del Dios a quien sirve.

En otras palabras, Job no culpa a Dios. No pierde el tiempo renegando de Dios, o recriminándole sus pérdidas.

Increíblemente, se somete a la voluntad de Dios, aún sin entenderla, sin saber por qué o para qué. Acepta que lo que ha pasado es porque Dios así lo ha permitido y él no es quien para quejarse de lo que Dios hace o permite.

Qué impresionante ejemplo de humildad y sumisión a la soberanía de Dios.

Ojalá su ejemplo arraigue en nuestros corazones y aprendamos a humillarnos ante la majestad del Todopoderoso cada día de nuestras vidas.

Isaí Rodríguez Ruiz