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En su reposo. 19/11/2022. T23. E37.

"Escucha esto, Job; detente, y considera las maravillas de Dios".

Job 37:14

Detente

Tres verbos conforman el centro neurálgico del versículo.

Escucha, detente, considera.

Las palabras de Eliú siguen enfatizando la grandeza de Dios con el objetivo de que Job pueda percibir el error que ha cometido; por eso este momento es clave para entender el corazón de Dios que a Job, y a nosotros, nos hace esta amorosa invitación.

Escucha. Presta atención. No te distraigas con otras voces. No dejes que el ruido de la vida te impida oír lo que Dios tiene que decir. Afina el oído, aprende a reconocer la voz del Señor, te llama, te busca, te habla, te desea, te anhela.

Cuán maravilloso es el amor de Dios que cada día nos habla, en su maravillosa creación, en el corazón, pero sobre todo a través de su bendita Palabra.

Solo es necesario tener la disposición y podremos oír su clara y dulce voz llamándonos e invitándonos a entrar en una comunión íntima con él.

Detente. Haz un alto en el camino. Deja de correr, de ir a todos lados, de andar en círculos. Hay momentos en la vida que debemos detener nuestro activismo frenético y aprender a despejar la mesa, serenar el espíritu y disfrutar del momento.

Esos instantes son increíbles, y tienen mucho qué enseñarnos. Es en la quietud que podemos, por cierto, aprender a oír mejor a Dios;  es en la serenidad de las pausas donde podemos desarrollar los sentidos y descubrir aquello que tenemos a simple vista, pero que no podemos observar por las prisas de la vida.

Considera. Reflexiona, analiza, medita. Lo que oyes, pero también lo que ves, lo que te has perdido en medio de tu vaivén desmedido. Hay tanto qué oír y hay tanto qué ver.

Dios está ahí, es posible oírlo y verlo si nos detenemos. Puedes verlo en el multicolor crepúsculo, y en el silbo apacible del viento lo puedes oír.

En la serenidad, la luz de su Palabra será tibia flama que dé calor al corazón; en la quietud, contemplarás sus brazos de amor en las maravillas que te regala cada amanecer.

Sin importar qué tanta prisa tienes, qué tan difícil es el problema que atraviesas, ¡detente! aquieta tu espíritu, agudiza tus sentidos espirituales, mira lo que él ha hecho para ti, contempla su amor en cada maravilla que ha creado para darte paz; y entonces, presta atención, escucha, ahí está el susurro de su melodiosa voz.

"Te amo hijo mío. Todo estará bien. Yo tengo el control"

Gracias Padre.

Isaí Rodríguez Ruiz