En su reposo. 28/12/2021. T11. E10.
“Y quitaron de entre sí los dioses ajenos, y sirvieron a Jehová; y él fue angustiado a causa de la aflicción de Israel”.
Jueces 10:16
Dios angustiado
Dos grandes errores comete la humanidad cuando se trata de la reacción de Dios ante el sufrimiento humano.
El primero es creer que a Dios no le duele el mal que vive el hombre.
Nuestro versículo revela lo contrario al pensamiento humano.
Cuando el hombre sufre a Dios le duele. Pero, ¿por qué no hace nada? Se preguntan algunos, pues Dios sí hace algo.
Le habló a la nación. Le había dejado normas y reglas. Les había enseñado el camino para su bendición y prosperidad. Incluso, les había advertido lo que pasaría si se alejaban de él.
Y cuando eso hicieron, les habló para que se volvieran a él y les ayudó cada que clamaron pidiendo su misericordia.
Y esto sigue siendo verdad hoy en día.
Dios ha hecho mucho a favor del hombre para ayudarlo a salir de su terrible condición.
A Dios le duele ver la condición de la humanidad postrada por causa de su sufrimiento.
Dios se angustia ante la aflicción de su amada creación y ha hecho todo para librarnos de tan terrible condición.
El segundo error que cometemos es creer que podemos manipular a Dios.
Desde aquel tiempo hasta nuestros días, el ser humano cree que puede hacer algo para conmover a Dios y presionarlo a hacer algo para ayudarlo.
Los israelitas de este capítulo, cuando se vieron afrontados por sus enemigos, volvieron a clamar a Dios esperando que este los rescatara. Pero Dios les dijo que esta vez no lo haría, que ya los había ayudado antes y seguían volviéndose a los dioses paganos.
A Dios no lo conmueven nuestras buenas obras. Lo único capaz de conmover a Dios es un sincero arrepentimiento del pecado cometido.
Esto es lo que ocurre en este capítulo cuando la nación entera abandona los dioses ajenos y solo bajo ese contexto es que Dios realmente se conmueve para extender su ayuda a la nación una vez más.
Si queremos que Dios nos ayude en nuestra adversidad lo único que podemos hacer es arrepentirnos genuinamente de nuestros pecados y renunciar a ellos de manera absoluta y tajante.
Cualquier palabra o acto realizado sin un sincero arrepentimiento será solo remordimiento o conveniencia y no podrá mover el corazón de Dios pues no hay forma que podamos engañarlo.
Así que la enseñanza de este versículo es enorme.
Dios sí se conmueve ante nuestro sufrimiento, pero sabe que es consecuencia de nuestro pecado, y la única forma de que Él intervenga a nuestro favor es con un sincero y genuino arrepentimiento.
Así que quizá es tiempo de considerar nuestra condición individual y como sociedad, para reconocer nuestras fallas y volvernos a él, quizá vuelva a tener misericordia de nosotros, pues él lo anhela antes que nosotros mismos.
Volvámonos a él de todo corazón.
Isaí Rodríguez Ruiz