En su reposo. 03/11/2022. T23. E23.
"Él, pues, acabará lo que ha determinado de mí; y muchas cosas como estas hay en él".
Job 23:14
Dios de propósitos
Muchas cosas están confusas en el corazón de Job.
Son tantas las cosas que no entiende. Su pérdida, su dolor, su quebranto.
Pero en medio de su gemir y su llaga; y a pesar de la amargura que le ocasionan, el patriarca tiene claro dos cosas en esta parte de su discurso.
Primero, sabe que Dios es superior a todo y a todos.
No hay forma de igualarlo, no hay manera de acercarse a él.
Aún buscándolo no lo encontraríamos.
Ni siquiera por el hecho de haber cumplido sus ordenanzas, y seguido sus preceptos podemos acceder a su justicia.
Job sabe que sin importar qué tan bueno seamos, y qué tan obedientes a su voz hayamos sido, su soberanía, su poder y autoridad, están muy lejos de nosotros.
Y por lo tanto, si él desea hacer o dejar de hacer algo, no hay fuerza en el universo que pueda impedírselo.
Pero Job también sabe algo más.
Sabe que esa voluntad de Dios, inquebrantable, insuperable, incuestionable, siempre tendrá un propósito de bien para los suyos.
Dios ya tiene algo determinado para sus hijos, y es su deseo hacer realidad aquello que ha planeado para sus escogidos.
Nada lo detendrá, nada le impedirá hacer su voluntad.
Contemplar esta visión de su poder puede tener solo dos resultados, que varían dependiendo de cuál es nuestra relación con él.
O esta verdad nos provoca miedo, o nos genera esperanza.
Miedo de saber que no escaparemos de su voluntad, que puede ser de juicio y espanto; o esperanza de saber que tarde o temprano su voluntad perfecta ha de cumplirse en nosotros para bien de nuestras almas.
Vivamos en tan estrecha comunión con Dios que el cumplimiento de su propósito sea el anhelo de nuestro corazón.
Isaí Rodríguez Ruiz