En su reposo. 07/11/2022. T23. E26.
"He aquí, estas cosas son solo los bordes de sus caminos; ¡y cuán leve es el susurro que hemos oído de él! Pero el trueno de su poder, ¿quién lo puede comprender?".
Job 26:14
Dios infinito
El libro de Job está lleno de destellos de la grandeza de Dios.
Descripciones sublimes de su poder, gloria y autoridad nos embarcan en una visión de un ser enormemente superior al hombre.
Información sorprendente es provista por medio de la inspiración del Espíritu Santo en estas listas de las maravillas hechas por el Dios Todopoderoso.
Entre todas ellas, destaca, por citar una, la expresión del versículo 7 de este capítulo que dice: "Cuelga la tierra sobre nada".
Siglos antes de que el hombre siquiera llegara a suponer la redondez de la tierra y el hecho de que se encontrara suspendida en el universo, Job lo sabe, pues se lo revela el mismo Señor para demostrar desde ahí, la grandeza de su sabiduría y poderío.
Pero aunque estas revelaciones nos impresionan, dice Job que todo esto son apenas "los bordes de sus caminos".
Tantas cosas maravillosas ha hecho Dios, tanto poder está en sus manos, tan enorme es su sabiduría, que nos emociona y deja estupefactos; pero aún todo lo que sabemos, y lo que lleguemos a saber de él aquí en la tierra, es apenas el borde, el exterior, la parte de afuera de todo lo que es él.
Apenas sabemos lo de un leve susurro, pequeño, delicado, casi imperceptible. Eso es lo que sabemos de Dios.
¿Qué tan poderoso es? ¿Cuán grande es su gloria y magnificencia? ¿Hasta dónde llega su sabiduría?
No hay forma de averiguarlo; al menos no por ahora. Quizá algún día, cuando contemplemos su rostro en la eternidad, y seamos testigos presenciales de aquel sublime trono de su gloria, cuando veamos el universo desde su morada, y experimentemos de cerca la santidad de su presencia.
Solo entonces, y solo quizá, alcancemos a oír el trueno de su poder, y comprender un poco más de lo que ahora vemos.
Mientras tanto, nos deleitamos en lo que sabemos, afirmamos nuestra fe en la verdad de quién es él y qué es capaz de hacer.
Y aunque no lo sabemos todo, nos basta con lo que ha revelado de sí mismo para saber que nos ama y anhela compartir su eternidad con aquellos que estén dispuestos a seguirle.
Caminemos por fe sobre este borde de su poder, deleitémonos en el dulce susurro de su voz que nos llama a encontrarnos.
Suyos por siempre.
Isaí Rodríguez Ruiz