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En su reposo. 16/02/2022. T13. E28.
“Como tú no obedeciste a la voz de Jehová, ni cumpliste el ardor de su ira contra Amalec, por eso Jehová te ha hecho esto hoy”.
‭‭1 Samuel‬ ‭28:18‬

Dios no olvida

Habían pasado años desde la rebeldía de Saúl con respecto a Amalec.

La palabra de juicio dada por Samuel en aquella ocasión podría haber sido olvidada por todos, incluso por el mismo Saúl, pero Dios la tenía bien presente.

Los años transcurrieron y salvo el espíritu maligno que lo atormentaba, las cosas no parecían están tan fuera de control.

Saúl estaba sólido en el reino, Samuel hacia años que había muerto y David se había establecido fuera del reino, con mínimas posibilidades de hacer algo en su contra.

Pero el juicio de Dios siempre llega. No importa cuánto tiempo pase y cómo se vean las circunstancias a nuestro alrededor.

El día del castigo llegó y Saúl podía percibirlo al no tener respuesta de parte de Dios. En su desesperación, cometió todavía otro error al buscar una mujer con espíritu de adivinación para recibir dirección de parte de alguien.

Y Dios, sabiendo que había llegado la hora, permite que Samuel se presente ante Saúl para recordarle lo inevitable de su juicio.

Muchas veces pensamos que, al ver que todo marcha bien o por lo menos de manera normal en nuestra vida, Dios puede haber olvidado su palabra de juicio.

Otras ocasiones, se llega a pensar que Dios realmente nunca va a castigar a los malos, pues parece irles muy bien en esta tierra.

Y los hay quienes llegan a pensar que Dios no existe en realidad porque no castiga la maldad cómo y cuándo nosotros creemos que debe hacerlo.

Pero Dios no olvida. Su palabra de juicio se cumplirá sobre todos aquellos que como Saúl se rebelan a su voluntad y viven lejos de él.

Lo más maravilloso de esta verdad no es la satisfacción de la ira de Dios sobre el malo (pues Dios desea que éste se arrepienta y se vuelva de su mal camino para perdonarle); sino el hecho de que si el Señor es capaz de cumplir sus promesas de juicio sobre el pecador, es igualmente capaz de hacer válidas sus promesas de vida eterna para aquellos que le sean fieles.

Lo que hoy debemos preguntarnos no es si el Señor ha olvidado sus juicios o ha dejado de lado sus promesas de amor, pues es claro que no es así.

En cambio, deberíamos preguntarnos si seremos objeto del cumplimiento de sus promesas de amor o de juicio.

Volvamos nuestro corazón a él, arrepentidos de todo pecado, depositemos nuestra fe en aquel que ha prometido juzgar al mundo, pero también salvar a quienes le rinden el corazón y la vida entera.

Isaí Rodríguez Ruiz