En su reposo. 06/08/2022. T19. E8.
“Ayunamos, pues, y pedimos a nuestro Dios sobre esto, y él nos fue propicio”.
Esdras 8:23
Dios propicio
Congruencia sería la primera lección que nos deja la actitud de Esdras en la víspera de su viaje a Jerusalén.
Había “presumido”, por decirlo de alguna manera, el poder de Dios para proteger a los suyos, así que ahora no podía pedir ayuda al rey para que le diera protección en el viaje.
¿Qué le quedaba por hacer? Clamar a Dios para no quedar avergonzado.
Declarar ante el mundo que Dios es todopoderoso y luego no confiar en él para enfrentar las luchas de la vida no parece ser algo congruente.
Esdras buscó a Dios en oración, en ruego y en ayuno para que les ayudara en el viaje.
La respuesta de Dios no se hizo esperar, y la forma en que el sacerdote escriba lo declara es aleccionadora.
“Y él nos fue propicio”.
Propiciar es la ayuda que se otorga para hacer algo o para lograr un objetivo.
En términos religiosos se le llama propiciatorio a la placa que cubría el arca del pacto; y en ese contexto representa la presencia de Dios ayudando al hombre a conocerlo.
Dios fue propicio con Esdras al escuchar su ruego y cuidar de él y de todo el pueblo que le acompañaba en el viaje.
Pero sobre todo, Dios fue propicio al no dejar avergonzado a su siervo ante la posibilidad de que algo malo pasara en el camino y sus detractores hicieran burla de su fe.
Dios sigue siendo el mismo Todopoderoso hasta hoy y lo seguirá siendo por la eternidad.
Podemos confiar a él nuestra vida, familia, salud, trabajo, viajes, y cada parte de nuestra cotidianeidad.
Pero al tiempo que le contamos al mundo la maravillosa experiencia de tener a un Dios tan glorioso, es tiempo de reforzar nuestra comunión con él en ayuno y ferviente oración, sigamos pidiéndole que sea propicio.
Que extienda su mano y nos proteja, nos prospere, nos bendiga, nos ayude en cada área de nuestra vida.
Experimentaremos una cercanía con el mucho mayor de la que ahora imaginamos, veremos en carne propia el poder de nuestra gran Dios y podremos seguir contando al mundo que:
“La mano de nuestro Dios es para bien sobre todos los que le buscan; mas su poder y su furor contra todos los que le abandonan” Esd. 8:22.
Isaí Rodríguez Ruiz