En su reposo. 02/12/2022. T24. E6.
"Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque estoy enfermo; sáname, oh Jehová, porque mis huesos se estremecen".
Sal. 6:2
Dios sanador
Las manifestaciones sobrenaturales de Dios en su trato con el hombre han existido desde la creación misma de Adán y Eva.
Una de estas formas de relacionarse con sus criaturas es ofreciendo sanidad física y espiritual a los suyos.
Aunque en la época del rey David, las manifestaciones espirituales no son tantas ni tan impresionantes como en otros tiempos anteriores y posteriores, lo que David sabe sobre Dios le basta para tener la certeza de que Dios sana a su pueblo.
Es esta seguridad la que lo motiva a orar, a cantar y a pedir sanidad.
Muchos discuten si Dios sigue sanando o no a su pueblo hoy en día, pero no cabe duda alguna en la Escritura de que Dios es el mismo de ayer, hoy y por los siglos, como nos dice la carta a los Hebreos (He. 13:8).
No solo su poder no ha cambiado, sino que su forma de tratar con el hombre sigue siendo la misma.
Dios nos habla a través de su Palabra, que ya está completa en la Biblia, pero sigue manifestando su poder para confirmar y alentar el corazón de sus hijos.
Así, Dios todavía sana, por lo que podemos unirnos al clamor de David y pedirle al Señor que toque nuestros cuerpos y nos sane según la grandeza de su misericordia.
Podemos expresarle, como el salmista, el dolor, la angustia y sufrimiento que experimentamos, y pedirle que obre a nuestro favor.
Pero con la misma pasión y sentimiento, podemos pedir que haga sanidad en alguien más, y eso es igualmente reconfortante y esperanzador, saber que escucha nuestro clamor y responde con poder a favor del enfermo.
Por último, aunque no menos importante, el salmo da la idea no solo de una enfermedad física, sino de un dolor del alma por causa de los enemigos de David, lo que nos lleva a pensar que Dios no solo sana el cuerpo, sino también el corazón.
¡Qué grande es nuestro Dios!
Pidamos con fe, él sigue sanando según la oración de sus hijos que claman en busca de su misericordia.
Isaí Rodríguez Ruiz