En su reposo. 08/03/2022. T14. E14.
“Conociendo Joab hijo de Sarvia que el corazón del rey se inclinaba por Absalón”.
2 Samuel 14:1
Disciplina
La expresión que revela el versículo que nos ocupa este día tiene grandes lecciones para la vida familiar.
Todo lo que ocurrió en la historia de Amnón y la venganza de Absalón, tienen un común denominador.
La pasividad de David.
Joab descubre rápidamente que David tiene predilección por Absalón pero no solo en un sentido de hijo consentido o favorito, por encima de los demás, sino en uno todavía más grave: por encima de la ley de Dios.
La expresión: “se inclinaba por Absalón”, parece señalar que aunque sabía que su hijo había actuado mal al matar a su hermano, y que el mismo Amnón había hecho una perversidad al violar a su media hermana, no solo nunca los corrigió, sino que aún así prefería apoyarlos que disciplinarlos.
Semejante actitud del rey sobre sus hijos y príncipes, no podía resultar en algo positivo.
La mayor disciplina que llegó a aplicar a Amnón fue “enojarse”, y con Absalon, después del acto teatral tramado por Joab, el castigo que le aplicó fue no dejarlo “ver su rostro”, aunque dos años después su gran ira había desaparecido y le permitió verlo.
Ya ni hablar de lo que la ley exigía para semejantes actos de crueldad y que David dejó pasar.
Tener hijos implica una gran responsabilidad, entre lo que destaca la disciplina necesaria para guiarlos por el camino correcto, señalándoles los errores y las consecuencias que vienen con ellos.
Ante este escenario, es posible tener un mayor entendimiento de lo que ocurrió con Amnón y lo que todavía nos contará la Biblia en los siguientes capítulos sobre David y sus hijos.
Empecemos entonces por valorar la sabia, oportuna y ejemplar disciplina que nuestros hijos requieren por su propio bien y por la paz del seno familiar.
Que esta disciplina tenga como piedra angular los valores bíblicos y las normas divinas que de ellos emanan, pues así seremos justos en toda disciplina familiar y formaremos hombres y mujeres de bien para gloria de Dios.
Isaí Rodríguez Ruiz