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En su reposo. 21/07/2022. T18. E30.

"Así los hijos de Israel que estaban en Jerusalén celebraron la fiesta solemne de los panes sin levadura por siete días con grande gozo; y glorificaban a Jehová todos los días los levitas y los sacerdotes, cantando con instrumentos resonantes a Jehová".

2 Crónicas 30:21

Doble celebración

Pocas cosas en la vida pueden compararse con la sensación de plenitud que otorga la presencia de Dios.

Cuando el corazón se sabe perdonado, libre de culpa y con la esperanza de la vida eterna; y sabe sobre todo que todo esto ha sido recibido sin un solo acto digno de nuestra parte, solo por la gracia, misericordia y amor infinifo del Dios eterno, no hay nada que evite que prorrumpa en un éxtasis de felicidad, gozo, alegría y plenitud.

Tal dicha, indescriptible a su vez, es la que se desborda y aflora en el rostro, en las expresiones de júbilo y en la gratiud y adoración a Dios.

Y por supuesto, no hay nadie que experimente algo así y no desee seguir disfrutándolo.

Algo así es lo que ocurrió en el capítulo de nuestra lectura.

Tantos años de alejamiento de Dios, tanto pecado, tantas consecuencias pagadas por causa del pecado, que cuando la nación, liderada por Ezequías regresó a Dios, vivieron uno de los momentos más gloriosos para el corazón humano.

Festejar la pascua, es el equivalente en una nación, a celebrar el día de su independencia, ¿puede imaginar a un país dejando de celebrar su independencia por tantos y tantos años? Ahora imagine la dicha que vivieron al disfrutar de esta fiesta nacional, con el plus de que todo esto ocurría en el contexto de una renovación espiritual.

El pueblo no cabía de felicidad.

¡Quién quiere dejar de sentir esa dicha y alegría! Es por eso que celebraron una semana más de fiesta.

¡Quién quiere dejar de sentir la presencia amorosa de Dios! ¡Quién puede dejar de adorar a Dios cuando sabe todo lo que Dios le ha perdonado!

Que el gozo del perdón, y del amor divino llene nuestro corazón, y que así, amemos y anhelemos cada días más la presencia de Dios, para permanecer en la plenitud de vida que solo el Señor puede ofrecernos.

Y llenos de él, glorifiquemos su nombre y cantemos la infinita bonda de nuestro buen y gran Dios.

Isaí Rodríguez Ruiz