En su reposo. 03/05/2022. T16. E16.
“Y el sacerdote Urías edificó el altar; conforme a todo lo que el rey Acaz había enviado de Damasco, así lo hizo el sacerdote Urías, entre tanto que el rey Acaz venía de Damasco”.
2 Reyes 16:11
Dos altares
A pesar de los muchos conflictos que habían surgido, el templo a Jehová se había mantenido en su gran mayoría intacto dese la época de Salomón, pero en el reinado de Acaz las cosas cambiaron.
Tenía ajustes de mantenimiento, cambios en algunos materiales, pero hasta ahí. Ahora con Acaz puede notarse la influencia de su idolatría.
Modificó el altar quitándole varias de sus piezas más emblemáticas y hermosas, y el pasaje indica que fue por causa del rey de Asiria, así que puede suponerse que envío estos recursos a su peligroso aliado.
También modificó el lugar del altar de bronce, cambiándolo del lugar principal que ocupaba, a un lugar lateral, mirando hacia el norte y no hacia el oriente como fue ordenado por Dios desde el diseño del tabernáculo.
Pero lo más grave de todo es que lo que motivó al rey de Judá a actuar así fue su deseo de instalar un nuevo altar en el templo.
Un altar que Dios no había ordenado. Un altar cuyo original era utilizado para adorar ídolos falsos. Un altar que ocuparía el lugar principal, relegando el altar de bronce a un papel secundario.
Sin importar qué tan bello, o qué tan impresionante, o qué tan atractivo sea esta o aquella doctrina, o recursos, o costumbre, o tradición, el pueblo de Dios debe cuidar de no ofrecer su sacrificio, su adoración, en altares que Dios no ha ordenado.
Solo por gusto, por ego o vanidad, o por imitar a su aliado, Acaz trajo desgracia sobre él y su reino al quebrantar las órdenes divinas.
Hoy, las razones pueden ser parecidas. Esta enseñanza es más atractiva. Este estilo es más cautivador. Este modelo es más moderno. Esta doctrina es más motivadora.
Y así, se introducen en el templo, pero sobre todo en el corazón del hombre, altares, doctrinas que Dios no ordenó.
Se relegan las verdades del evangelio a un lugar de menor importancia y se coloca la “revelación fresca” por encima del fundamento doctrinal de la Escritura.
Dios nos ayude para no colocar altares extraños en el corazón y mantenernos fieles a su Palabra bendita como nuestra máxima regla de fe y conducta.
Isaí Rodríguez Ruiz