En su reposo. 13/06/2022. T17. E26.
“Asimismo todas las cosas que había consagrado el vidente Samuel, y Saúl hijo de Cis, Abner hijo de Ner y Joab hijo de Sarvia, y todo lo que cualquiera consagraba, estaba a cargo de Selomit y de sus hermanos”.
1 Crónicas 26:28
Ejemplo de generosidad
La lista de personajes que aparecen en este versículo contrasta a simple vista.
Samuel, el más antiguo de todos; Saúl, el primer rey, venido a desgracia; Abner, gran general traicionado por Joab; y Joab mismo, unido a quien traicionó.
¿Qué es lo que puede unir a estos personajes tan distantes entre ellos?
El pasaje señala que estos, y posteriormente muchos más, consagraron ofrendas especiales para Dios.
Estas ofrendas fueron resguardadas para la futura construcción del templo, o para su uso en el mismo. Incluso puede ser que ya con el templo en funciones, tales ofrendas se volvieran parte especial del tesoro de la casa de Dios.
Lo importante a señalar es que los cuatro nombres de la lista, y los que se omiten, tuvieron la visión de consagrar generosos recursos para la futura casa de Dios y para honrar al Señor con sus bienes.
Cada uno desde sus capacidades y recursos; incluso desde sus visiones personales de servicio y éxito, pudieron ver con claridad lo valioso que era aportar de sus tesoros para la obra de Dios.
Es probable que Abner no estuviera de acuerdo con la presencia de Joab en la lista, o que Samuel juzgara que Saúl no merecía ser mencionado en este grupo, pero aún así ahí estaban porque habían aprendido igual que ellos, la gratitud y la generosidad para la obra de Dios.
Puede haber diferentes formas de pensar y de actuar. Podemos ser tan diferentes en temperamento y proyección, pero que siempre haya en nosotros la disposición de buscar a Dios y agradarle.
Puede que desde nuestra óptica personal tal o cual ofrenda no sea digna de mencionarse o la persona no merezca ser reconocida por su generosidad, pero para Dios no existe esa diferencia.
Mucho menos se trata de una competencia entre ofrendas para ver quién da más.
La generosidad debe ser voluntaria y surgida de un corazón agradecido que no mira alrededor para ver quién y qué ofrendan los demás, sino que ofrece de su interior una adoración sincera a Dios con aquello que entrega para su obra.
Que esto sea lo que nos distinga a la hora de expresar nuestra gratitud y generosidad con aquello que ofrendamos para Dios.
Isaí Rodríguez Ruiz