En su reposo. 27/01/2022. T13. E11.
“Al oír Saúl estas palabras, el Espíritu de Dios vino sobre él con poder; y él se encendió en ira en gran manera”.
1 Samuel 11:6
El control de la ira
La última parte de nuestro versículo revela una condición humana muy natural en Saúl.
Su ira se encendió terriblemente. Los motivos eran justos y suficientes, pero ¡cuántas veces la ira nos ha causado algún problema!
El problema no es encendernos en ira, pues esta es una reacción muy natural ante la injusticia, ante la impotencia, o sentimientos parecidos.
El problema siempre ha sido la forma en que encausamos esta ira.
Saúl sabía que no todo el pueblo lo aceptaba como rey, y él mismo tenía serias dudas sobre su liderazgo, pero esta primera prueba sería clave para confirmar su reinado.
La burla de Nahas amonita contra los de Jabes de Galaad no podía ser tolerada. La ira de Saúl estaba más que justificada, así como la tristeza de toda la nación por semejante afrenta.
Pero el nuevo rey encausó su ira correctamente. No se precipitó. La ira lo motivaba pero no lo controlaba. Sus acciones fueron frías y calculadas, aún en medio de la ira que lo quemaba por dentro.
Con paciencia cortó los bueyes, los distribuyó y planeó sus acciones contra los amonitas.
Su estrategia incluyó palabras de ánimo para los desventurados de Jabes, y sus planes militares fueron revisados con calma para caer sobre sus enemigos con efectividad.
Llegado el momento de la batalla, aquella ira sirvió para impulsar a todo el ejército y lograr una aplastante victoria.
Pero, ¿cómo controlar y encausar la ira? Esa es una pregunta que el mundo entero se sigue haciendo hasta este día.
Cualquiera puede encenderse en ira, incluso algunos sin razón o motivo justo, solo por una absoluta falta de control de su temperamento.
Un esfuerzo y disciplina personal deben estar presentes para lograr un nivel aceptable de autocontrol de la ira.
Sin embargo, la primera parte de nuestro versículo nos da el recurso más poderoso que podemos obtener para encausar nuestra ira.
Saúl fue lleno de la presencia del Espíritu de Dios.
El escritor sagrado además, acota de manera interesante dicho evento con esta adición: “vino sobre él con poder”.
Es decir, que dicha manifestación sobrenatural fue mucho mayor que el promedio de cualquier otra experiencia de la venida del Espíritu.
Entonces, necesitamos la presencia del Espíritu de Dios, y necesitamos la dotación de poder que esto conlleva.
Una vez más, la sensibilidad al Espíritu, y la disposición a permitirle llenar y controlar nuestra vida, nos guiará siempre a la capacidad sobrenatural de controlar y encausar nuestra ira natural en sus propósitos.
La lucha, entonces, no es solamente por autocontrolarnos, batalla en la que fracasamos constantemente por nuestra debilidad humana; sino en buscar más de Dios para que nos ayude a vivir bajo el poder de su Espíritu.
De esa manera, la ira podrá ser controlada por la presencia del Señor, y encausada correctamente para lograr la victoria que Dios desea darnos; sobre nuestro carácter y sobre las circunstancias que atravesamos.
Que nuestro esfuerzo por controlar la ira incluya como principal estrategia la dependencia de su Santo Espíritu, así veremos su poder manifestado de manera práctica en nuestra vida cotidiana.
Isaí Rodríguez Ruiz