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En su reposo. 22/02/2022. T14. E2.
“Y Abner volvió a decir a Asael: Apártate de en pos de mí; ¿por qué he de herirte hasta derribarte? ¿Cómo levantaría yo entonces mi rostro delante de Joab tu hermano?”.
‭‭2 Samuel‬ ‭2:22‬

El costo de la imprudencia

Por el orden en que se acostumbran decir lo nombres, Asael debía ser el hermano menor de Joab y Abisai.

La Biblia destaca que Asael era “ligero de pies”, dando a entender que, quizá por su juventud, Asael se distinguía como alguien muy hábil y rápido para la batalla.

La juventud es útil en la guerra. Se tiene energía, fuerza, ímpetu, pero estas virtudes nunca han sido suficientes para lograr las victorias.

Abner en cambio, era un experimentado guerrero.

Había sido el principal general del ejército de Saúl, y era sin duda la pieza clave para aquella guerra por la corona entre David y el hijo de Saúl, Is-boset.

Su experiencia era la que le daba la serenidad para incluso entablar una conversación con Asael en medio de la batalla.

Dos veces le insiste que se aleje de él. No por cobardía sino por prudencia; en cambio, Asael muestra una total falta de dominio propio y sentido común.

Pensó, quizá, que él solo podía acabar con aquella disputa, pero no tomó en cuenta todas las posibilidades.

Cegado por su fe en sus habilidades, pensó que su habilidad de pies sería suficiente.

Un solo golpe bastó para demostrarle su error y acabar con su vida.

Cuántas veces actuamos igual que Asael. Confiamos tanto en nuestras capacidades, nos creemos invencibles o incapaces de caer, y pronto descubrimos lo débiles que somos sin la ayuda del Señor.

En más de una ocasión ha sido nuestra propia imprudencia la que nos ha llevado a resbalar.

Asael peleó una batalla que no podía ganar, se le advirtió y aún así no fue capaz de discernir la realidad.

El valor no puede separarse de la prudencia, porque sería solo presunción y fanfarronería.

Seamos conscientes de nuestra realidad, valoremos el contexto. No todas las conversaciones son útiles, no en todos los lugares honramos a Dios.

No todas las compañías son bendiciones a nuestra vida. No podremos vencer todas las tentaciones si somos nosotros quienes las buscan y provocan.

El Señor provea prudencia, sabiduría y sensatez a nuestros corazones.

Isaí Rodríguez Ruiz