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En su reposo. 25/10/2022. T23. E15.

"Porque la congregación de los impíos será asolada, y fuego consumirá las tiendas de soborno".

Job 15:34

El fin del impío

En el desarrollo de las ideas de Job y sus amigos, podemos encontrar un férreo debate sobre el bien y el mal, y a pesar de los desaciertos de unos y otros, es posible rescatar poderosas verdades que están vigentes hasta el día de hoy.

En el capítulo que nos ocupa destaca no solo el desacuerdo de Elifaz con Job, en el que coloca al patriarca al nivel de los impíos de los que hace apología, sino también de manera indirecta la inquebrantable verdad sobre el fin de los perversos.

No importa lo que digan o hagan. Tampoco es importante qué tanto éxito tengan al momento de llevar a cabo sus fechorías, su final está marcado sin duda alguna.

Les espera destrucción y castigo inevitable.

Esta verdad, que para más de uno podría ser motivo de alegría por todo el mal que ocasiona el impío y la falta aparente de castigo, debe guiarnos a reconocer que su ineludible final de miseria y dolor no es algo que se puede desear a los demás, no si queremos imitar a Cristo.

He ahí el error de Elifaz. Su descripción del final del que obra mal, parece convertirse en un deleite para sus propios oídos.

Hay un dejo de satisfacción en sus palabras, como de victoria, como si el dolor de otros, por más que sea merecido, se convirtiera en un hecho qué festejar o celebrar.

Es verdad, el malo recibirá la retribución de sus pecados. Fuego y asolamiento, quebranto y castigo eterno lo esperan sin esperanza alguna de rescate, pero tal futuro no debe ser motivo de gozo para el creyente en Jesús.

Por una sencilla razón: nosotros eramos esos impíos, y también merecíamos tal castigo.

La única diferencia es que Dios ha hecho misericordia con nosotros a través de la muerte expiatoria de Cristo.

Dicho sacrificio, si fue efectivo para nosotros, es igualmente útil para los pecadores de todos los tiempos y lugares.

Por lo tanto, es nuestro deber compartir con el pecador la  esperanza de perdón y rescate que Jesús ofrece a todo hombre y mujer.

Si al final, el impío rechaza la gracia de Dios, el castigo caerá sobre él tal como lo describe Elifaz, pero si vuelve su corazón a Cristo en sincero arrepentimiento, el perdón lo traerá a la vida plena que el Señor ofrece a todos los que crean en él.

Saber la verdad del destino eterno de los malos, no solo debe traer consuelo por el sufrimiento que han causado al inocente, sino debe hacernos pensar que aún ellos, por difícil que nos parezca, pueden escapar de tal castigo si, como nosotros, vuelven su corazón a Jesús.

¡Por más impíos arrepentidos, perdonados y rescatados del castigo eterno por la gracia de Jesucristo!

Isaí Rodríguez Ruiz