En su reposo. 07/12/2021. T10. E16.
“Pero no arrojaron al cananeo que habitaba en Gezer; antes quedó el cananeo en medio de Efraín, hasta hoy, y fue tributario”.
Josué 16:10
El inicio del fin
No es la primera vez que aparece este tema en el libro de Josué. En su avance de la conquista de la tierra prometida, hubo pueblos a los que no fueron capaces de destruir.
Sea por el convenio con los de Gabaón, o sea por la fuerza de los jebuseos (el capítulo anterior señala que no los pudieron echar de Jerusalén), y sin importar que los hayan hecho tributarios como en este caso a los de Gezer, la sobrevivencia de estos pueblos se nos va mostrando aquí y allá en diversas partes del libro de Josué.
Estas pequeñas señales son (ahora lo sabemos), las semillas del futuro quebrantamiento de la nación, pues traerían un gran mal a la nación al paso de los años.
Tal vez pensaron que a final de cuentas, los tenían controlados, los habían subyugado, eran sus súbditos y hasta pagaban tributo, pero la razón que haya sido nos deja una gran lección para nuestra vida espiritual.
La presencia de estos grupos pequeños, de naciones débiles, representa esos pequeños puntos, aparentemente insignificantes, que vamos dejando permanecer en nuestra vida.
Pequeñas semillas de discordia, amargura, resentimientos, cosas que incluso consideramos “controladas”, que no causarán problemas, pero la realidad es otra.
Si no atendemos de manera oportuna aquello que parece intrascendente, tarde o temprano esto nos quebrantará.
La nación de Israel sufriría en los años por venir a causa de la permanencia de estas naciones que en este momento no fueron capaces de destruir.
Y sin duda nosotros sufriremos las consecuencias de no erradicar totalmente de nuestras vidas aquello que dejamos “vivir” por considerarlo sin importancia.
Aunque esa terrible condición futura de la nación la encontraremos en otros pasajes bíblicos, es la intención ahora señalar que la futura postración espiritual de la nación tuvo su inicio en pequeños actos aparentemente menores.
Los pequeños actos de indisciplina espiritual, el descuido de los hábitos de oración y lectura bíblica, la displicencia para no congregarnos, las excusas de tiempo y trabajo para no servir; y así, una tras otra, estas pequeñas y a veces humanamente válidas razones, acabarán por destruir la vida espiritual aún del más fuerte de los creyentes.
Que la experiencia bíblica nos hable al corazón y nos ayude a cuidar nuestra vida espiritual aún en los menores detalles, para fortalecer y acrecentar nuestra comunión con el Señor.
Isaí Rodríguez Ruiz