En su reposo. 25/12/2021. T11. E8.
“Y no se acordaron los hijos de Israel de Jehová su Dios, que los había librado de todos sus enemigos en derredor”.
Jueces 8:34
El pecado del olvido
Como es posible notar en una lectura ligera del libro de Jueces, el pueblo de Israel había caído en un círculo vicioso que le hacía alejarse de Dios y regresar a él después de un tiempo de crisis.
Bastaba que muriera el juez en turno para que casi de manera inmediata la nación se prostituyera tras los ídolos de los pueblos vecinos.
La opresión del enemigo ocurría como resultado de esta rebeldía hasta que el clamor del pueblo hacía que Dios enviara un nuevo juez para librarlos de sus enemigos y juzgarlos con rectitud durante su ministerio.
A su muerte, el ciclo se repetía.
Pero, ¿qué hacía que rápidamente se alejaran de Dios?
Uno de los peores pecados que puede haber (si es que es correcto clasificarlos).
El olvido.
Olvidar significa descuido, desinterés, y revela pérdida del valor de algo hasta el grado de ponerlo en lo más recóndito de nuestra memoria.
Dos cosas olvidaron los israelitas de este pasaje.
Olvidaron a Dios y lo que había hecho por ellos.
Voluntariamente dejaron de recordar, dejaron de valorar y por lo tanto de agradecer a Dios las maravillas que había realizado, pues con 300 hombres vencieron un poderoso ejército de 135,000 soldados.
La expresión también muestra desprecio, rechazo y menosprecio de lo sucedido en el pasado, como si no hubiera sido importante o como si fuese solo un mito.
No es de extrañar que incluso a la familia de Gedeón, el hombre que Dios había utilizado para guiar esta gran victoria, dejaron en el olvido, pues revela el capítulo que no se mostraron agradecidos con la descendencia de aquel hombre por su vida de servicio a la nación.
Del olvido, al rechazo, a la ingratitud, a la apostasía. Qué terribles consecuencias trae el olvido.
El hombre sigue siendo olvidadizo de todos los bienes que Dios le ha brindado. Con gran facilidad y plenamente conscientes, las personas suelen dejar atrás las bendiciones recibidas y convertirse en desagradecidos que reniegan del Dios al que una vez clamaron pidiendo su favor.
La terrible condición de Israel durante casi todo el libro de los jueces, puede encontrar una de sus repuestas en este capítulo.
Simplemente la nación olvidó lo que costó tener la bendición de Dios; dejaron de traer a su memoria todo el bien recibido en el pasado, y ese pequeño acto fue el causante de todas sus desgracias posteriores.
El pequeño acto de olvidar, de dejar de valorar, no agradecer, tarde o temprano hará caer a cualquiera en el círculo vicioso de las religiosidad hueca y vacía.
El Señor nos libre de tan lamentable escenario; y en cambio, nos permita refrescar cada día nuestra memoria en el poder de su Espíritu para vivir conscientes y agradecidos por cada don inmerecido que ha puesto en nuestras manos, empezando por el de nuestra salvación y perdón de pecados.
Isaí Rodríguez Ruiz