En su reposo. 29/11/2021. T10. E9.
“Y los hombres de Israel tomaron de las provisiones de ellos, y no consultaron a Jehová”.
Josué 9:14
El peor error
Todo se había encaminado correctamente con la conquista de Hai.
La situación mejoró notablemente y el futuro de la guerra parecía seguro con la ayuda de Dios nuevamente del lado de su pueblo.
Sin embargo, aparece otro error del pueblo de Israel.
Los habitantes de Gabaón usaron de astucia para engañar a Josué y su ejército, logrando su objetivo, un convenio de paz que los librara de la muerte.
Pero habrá que prestar atención a la historia. El error no consistía solamente en no investigar más a fondo de donde venían estos embajadores; tampoco es el error hacer un pacto de paz evitando el derramamiento de sangre.
No, el error real no estriba en esos detalles.
El verdadero error nos lo declara el escritor sagrado al decirnos: “y no consultaron a Jehová”.
Todo parecía bien. La lógica decía que había que hacer el pacto. A simple vista no había peligro en lo que se ponía frente a sus ojos.
Es un decisión simple, sencilla, sin complicaciones, cotidiana, no hay necesidad de molestar a Dios con esos detalles.
Quizá eso es lo que pensaron Josué y sus líderes sobre este caso, y tomaron la decisión de no consultar a Dios y hacer lo que bien les parecía.
Pero todo se descubrió, y el conflicto llegó. La crisis del liderazgo con el pueblo, la desconfianza, la incertidumbre de qué hacer ya descubierta la estafa de la que habían sido víctimas por un pequeño gran error: no consultar a Dios.
Y seguimos cometiendo esta clase de errores.
Minimizamos los asuntos, los consideramos de poca trascendencia para “molestar” a Dios con ellos, o nos consideramos suficientemente capaces para hacer las cosas por nosotros mismos, que no hay porque molestar a Dios con esos “asuntos triviales”.
Y después, después vienen las complicaciones, las crisis; descubrimos que esa sencilla decisión era en realidad trascendente y aprendemos, algo tarde, que cualquier decisión que necesitemos tomar puede ser mejor tomada si incluimos en ella la dirección de Dios.
Para todo verdadero hijo de Dios, la presencia del Espíritu Santo es una realidad en su vida, y esta presencia está ahí, entre otras cosas, para guiarnos en todas las decisiones que debemos tomar en la vida.
Aprovechemos esta gran ventaja. No desestimemos las “decisiones pequeñas”, ni nos consideremos autosuficientes para avanzar por la vida sin consultar al Señor.
Él está ahí, dispuesto, listo para guiarnos a toda verdad, y mostrarnos el camino de su perfecta voluntad.
Aprendamos a consultarlo en cada decisión que tomemos, aprendamos a oír su voz y a dejarnos guiar por su Espíritu. El Señor habrá de ayudarnos y llevarnos a la vida victoriosa que él ha planeado para cada uno.
Isaí Rodríguez Ruiz