En su reposo. 10/03/2023. T24. E90.
"Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría".
Sal. 90:12
Enséñanos
Muchos son sin duda los beneficios de la lectura de la Biblia.
Conocer la voluntad de Dios, la respuesta suya a las interrogantes de la vida, la guía en medio de cualquier situación, y sabiduría para la toma de decisiones.
Entre todas, la enseñanza es finalmente la que integra y aglutina todos estos beneficios.
Ser enseñados es recibir los recursos necesarios para avanzar de nuestro estado de ignorancia a uno que nos permita saber ser y saber hacer.
Nada es entonces más importante que recibir la enseñanza que la Escritura nos ofrece.
En el caso de este salmo, el argumento declara la grandeza de Dios, su gloria eterna que es incomparable con lo efímero de la existencia del hombre en la tierra.
Ante semejante disparidad, los pocos años que el ser humano pasa en el mundo deberían ser mejor aprovechados, preparándonos para la eternidad; y en ese tema, no hay nadie mejor que Dios, el Eterno, para enseñarnos.
Bien haremos entonces en buscarlo, en darle valor a cada día de nuestra existencia, en generar sentido y propósito a la vida, haciendo que cada experiencia cuente para hacernos mejores delante de él.
De todos estos conocimientos, el mayor de todos es el que nos acerque a él, que nos llene el corazón de su presencia, de su gloria; y que, arraigados y cimentados en Jesús, disfrutemos de los pocos años que pasamos en el mundo, aprendiendo a poner en sintonía el corazón con la eternidad.
Ahora bien, la clave no es la disposición de Dios para enseñar, pues él, desde que nos ha buscado y dejado su Palabra, está más que dispuesto. Mas bien, la condición que hará que aprendamos o no, sera la decisión personal de querer ser enseñados.
No basta con decir: "enséñanos", o: "enséñame"; se necesita compromiso, disciplina, sensibilidad y sujeción a su Palabra. Solo de esa manera su Espíritu Santo podrá guiarnos al conocimiento que desea entregarnos.
Si así nos disponemos, seremos verdaderos discípulos del Maestro de maestros, y aprenderemos cada día en la Escuela del Espíritu a conocerlo, a amarlo, adorarle, servirle y prepararnos para la eternidad a su lado.
Isaí Rodríguez Ruiz